Educadores que ayudan a infractores… a cambiar sus vidas

Cara a cara con el peor Uruguay: Colonia Berro.

Conocen la peor cara de Uruguay. Trabajan en la Colonia Berro. No tienen miedo ni prejuicios sobre los menores, pero intentan no saber qué delito los llevó hasta allí. La traba más difícil que enfrentan es la propia Berro y su funcionamiento.

“Yo tengo ocho fugas. Estoy acá por intento de homicidio y varias rapiñas. Ahora soy productor, músico, actor y estrella”. Sentado en un pequeño salón del hogar Puertas de la Colonia Berro, Rubén cuenta su vida sin que le pregunten. Él es uno de los 145 menores infractores que participan de los talleres de música, plástica, teatro, danza y comunicación que da la ONG Procul desde hace 15 años en la Colonia Berro y en los hogares Desafío y Siaf de Montevideo.

Los espacios de la organización son como islas dentro del centro penitenciario. Son salones, en general, en buen estado, aunque también tienen olores nauseabundos y están invadidos por moscas. A pesar que los talleristas son jóvenes, imponen límites y logran un ámbito de respeto y complicidad.

Afuera de esos salones pasa justamente lo contrario. Los menores gritan constantemente, reclaman desde comida hasta cigarros, discuten constantemente con los funcionarios, están hacinados y en un lugar ruinoso. “Ellos son los que marcan los tantos. Si quieren ser violentos te aparecen con una punta que la hacen con cualquier cosa y si quieren también pueden ser educados”, dice una funcionaria que lleva pocos días en el hogar Sarandí y que ya sintió olor a marihuana y vio cómo un chico tomaba nafta de un tarro que encontró “vaya a saber dónde”.

Los talleristas de Procul afirman que nunca les tuvieron miedo ni prejuicios, pero prefieren no saber cuál fue el delito que los llevó allí. Los ven como “seres complejos”, con una historia, una realidad y sueños. También saben que no tuvieron las mismas oportunidades ni educación que ellos.

“Son pibes chorros, que pueden robar, consumir pero también son pibes que pueden pensar, imaginar, relacionarse con otros, sentir. Tienen una historia complicada y no tuvieron las posibilidades que, por ejemplo, tuvimos vos y yo. Son las dos cosas juntas y nosotros tenemos que potenciar su esencia”, dice Paola (32) educadora de la ONG desde el año 2009.

La mayor dificultad que enfrentan, dicen, es “la propia Colonia y su funcionamiento”. “No podés planificar ni sostener en el tiempo un proyecto”, afirma Lorena (26), tallerista de Comunicación.

Entienden, también, que su trabajo no es “uno más” porque requiere un “fuerte compromiso”, “cansa” y “decepciona”. De hecho todos los talleristas que trabajan hoy tienen, en general, menos de cuatro años en el proyecto, a pesar que este lleva 15. “Trabajás con gente que está en el olvido y sabiendo que nunca hacés lo suficiente”, asegura Mario Villagrán, creador de la ONG.

Dicen que los decepciona cuando los chicos salen y vuelven a delinquir y la relación que estos mantienen con los funcionarios de la Berro. “Cuando los chiquilines están en el módulo no se comportan igual que acá, hay un vínculo distinto, una forma de hablar distinta. Por eso nosotros y ellos tenemos dos visiones disociadas de los gurises”, comenta una educadora y reconoce que para que eso cambie se necesita una reestructura “más general”.

Según Villagrán, Procul busca transmitir un conocimiento y herramientas que justifiquen la vida. “A esos chicos hay que transmitirles que vale la pena vivir”, explica. Por eso, y aprovechando que se trabaja con el arte se toma como herramientas la sensibilidad y los sentimientos de cada chico.

“Creemos en la representación simbólica. Por ejemplo si vas a un taller de música vas a ver que hay letras de canciones que son muy violentas. Yo prefiero que ese chico escriba letras violentas y no que ejerza la violencia. Eso es un disparador para correrlos del lugar en el que están y que puedan ejercer un nuevo rol social. Son adolescentes que están creciendo y hay que modificar su futuro”, remató.

“LIBERTAD”

Para los menores infractores que cumplen su pena en los distintos hogares de la Colonia Berro, los talleres de Procul son una “válvula de escape”. Hay quienes dicen que van porque de esa manera pueden estar un rato más afuera del módulo (tienen dos salidas al patio, una hora de mañana y otra de tarde), y otros que asisten porque realmente les gusta.

Sergio tiene 20 años y está internado en el hogar Piedras. No cuenta el motivo pero aclara que es “socio vitalicio”. Sergio es “la estrella” del taller de Comunicación. “Es un valor”, dice Lorena. De inmediato él agrega: “entrevisté a un filósofo y estuvo bueno porque yo pensaba que para ser filósofo había que estudiar, corte, el que no estudiaba no tenía facilidad para filosofar y nos dimos cuenta que en realidad cualquiera puede hacerlo”.

Sergio habla con facilidad, moviendo constantemente sus brazos repletos de cicatrices. “Me lo hice yo, en el tiempo que no era maduro”, comenta y se ríe. “Me cortaba si no venían a verme, si me peleaba con mi novia, por todo”, agrega.

Según un estudio de Naciones Unidas (ver apoyo) realizado a partir de una encuesta a jóvenes atendidos por los programas y proyectos del Sistema de Ejecución de Medidas a Jóvenes en Infracción (Semeji) el 61,6% de los jóvenes se ha hecho daño a sí mismo.

Aunque Sergio tiene una muletilla (corte) se expresa con facilidad. “Pienso yo que acá hay mucha gente con talento, corte, no lo aprovechaban en el tiempo que estaban en la calle y cuando están encerrados, corte, se dan cuenta. En la calle con la droga y la delincuencia no sabés lo que es la radio, la música. Yo ni sabía qué era la filosofía y ahora leo Benedetti”, comenta.

Jorge comparte la celda con Sergio y está esperando que los días pasen porque está por salir. “¿Qué voy a hacer? No sé”, indica. “El tema son las posibilidades”, agrega la tutora.

Los menores en los talleres de Procul “a veces” leen el diario. Dicen estar en conocimiento de la discusión en torno a bajar la edad de imputabilidad y que la próxima semana se presentarán firmas para que se haga una consulta popular sobre el tema. “La política manipula a la sociedad, transmiten lo que les sirve”, opina Sergio.

Villagrán, por su parte, entiende que hay que “despolitizar” el tema. “Se necesitan miradas técnicas”, advierte.

El poder continuar el trabajo una vez que el joven sale de la Berro es la principal carencia del proyecto. Según Villagrán habría que trabajar con una oferta educativa que sea transversal. “El INAU debería tener algo más marco en esta línea. Si no todo queda perdido”.

Mirada de Naciones Unidas

FAMILIA

Los episodios de violencia son parte de la vida cotidiana y de la historia familiar de los jóvenes atendidos por los programas y proyectos oficiales del Sistema de Ejecución de Medidas a Jóvenes en Infracción (Semeji). Casi la mitad (42%) dice haber recibido algún tipo de maltrato físico por alguno de sus padres. Los episodios de violencia que nacen en la casa, continúan en los centros educativos, tanto siendo víctimas de agresiones por parte de otros compañeros (13,6% lo fueron), como participando en un grupo que molestaba a un compañero que estaba solo (34%), agrediendo a un compañero que estaba solo (18%), participando en un grupo que comenzaba una pelea con otro grupo de compañeros (45%) o incluso habiendo agredido físicamente a un profesor (21,5%). El 42% admite que pierde el control muy fácilmente.

El 36% ha dormido más de dos días en la calle por no tener adónde ir. Un 28% ha pedido dinero en la calle o ha revisado la basura por no tener qué comer. El 4% ha realizado “favores sexuales” por dinero o drogas.

ENTORNO

El hecho de portar armas, cometer robos y haber estado detenidos es algo que está generalizado en el entorno de estos jóvenes y pasa a formar parte de su vida cotidiana. Solo tres de cada diez de los jóvenes internados dicen que sus amigos cercanos no han estado en ninguna de estas situaciones.

SITUACIÓN JUDICIAL

La principal causa por la que están internados los jóvenes infractores es la rapiña (56,5%), en algunos casos acompañado de un delito de mayor gravedad (7,9%). Un 10,2% de los chicos se encuentran allí por homicidio y 4,5% por intento de homicidio. El 33% de los chicos llevaba al momento de ser entrevistado menos de un mes en el centro y solo un 7,3% más de seis meses.

Terminar la escuela y el liceo entre  rejas

Algunos jóvenes también hacen UTU o trabajan

En la Colonia Berro están internados unos 250 jóvenes. En general viven en los barrios más carenciados de Montevideo (La Cruz de Carrasco, Malvín Norte, Cerro, Hipódromo, Casavalle y Colonia Nicolich), tienen una familia problemática e incluso muchos padres tienen antecedentes penales, según comentó a El País Rosario Martínez, maestra e integrante del área educación de la Colonia Berro.

Según un relevamiento a 177 jóvenes de entre 13 y 17 años que son parte del Sistema de Ejecución de Medidas a Jóvenes en Infracción (Semeji) realizado por la oficina contra la droga y el delito de Naciones Unidas, solo el 22% de los jóvenes entrevistados se encontraban estudiando antes de la última detención. La edad promedio de abandono de la escuela o el liceo fueron los 13 años. “Antes de abandonar, lo que caracterizaba su paso por los centros educativos era el descontento, las faltas frecuentes por cualquier motivo y ser echados de clase por problemas de conducta”, dice el informe de Naciones Unidas.

Martínez comentó que los adolescentes que llegan a la Berro tienen “algo” de nivel educativo. Hay 40 jóvenes que tienen Primaria incompleta. Los demás pasaron por Secundaria.

Actualmente en la Colonia hay varios chicos que no solo hacen los talleres de Procul, sino que también cursan en la educación formal. “Hay once chicos que aprobaron la prueba para terminar Primaria, diez están cursando tercero de Secundaria, dos van a cursar cuarto y uno está en quinto”, comentó orgullosa la maestra.

Las clases se dictan en los propios hogares o son trasladados a la escuelita que está en el edificio central de la Colonia. “Depende de si son chicos que están recluidos con máxima seguridad o si están en hogares que no son de tranca”, explicó.

Martínez comentó que hay adolescentes que se “entusiasman” con los cursos de UTU y otros prefieren trabajar. La Berro tiene convenio con una fábrica de guantes, un aserradero y Ancap, donde trabajan algunos de los menores internados.

Desde hace una semana, además, chicos del hogar Ituzaingó empezaron a reparar una escuela de Suárez. “La idea es que devuelvan a la sociedad algo de lo que la sociedad invierte en su rehabilitación”, afirmó Martínez.

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2 pensamientos en “Educadores que ayudan a infractores… a cambiar sus vidas

  1. Es una de las mejores inversiones que un gobierno probo puede hacer. Poner todo su empeño en la rehabilitación social de los jóvenes. Dios los acompañe

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