Los estragos de los sindicatos en la enseñanza

Querían ir a clase y el paro no los dejó

 

Alumnos de contextos complejos deseaban poder empezar los cursos

 

Los liceos 70 y 62 se hicieron “famosos” por los reclamos y las malas condiciones edilicias. Sus alumnos miraban la televisión para ver qué pasaba con el comienzo de clases y tuvieron que esperar para poder hacer lo que de verdad querían: estudiar.

 

Tienen entre 12 y 16 años. Viven en barrios de la periferia de Montevideo y conviven con problemas de drogas, delincuencia y embarazo adolescente. Para la mayoría de estos jóvenes ir al liceo significa poder alejarse de todos los asuntos que contagian “la vida de la esquina” y las “malas juntas”.

Para los alumnos de los liceos 70 del Cerro y 62 de Colón el hecho de haber empezado las clases más tarde de lo previsto no resultó tan divertido como lo puede pensar cualquier adolescente. Más allá de si entendían o no los paros y los reclamos, ellos ya no veían la hora de que se decidiera el comienzo de cursos.

Algunos admitieron y protestaron por las carencias de los centros, pero la mayoría quería tener clase, algo que pasó recién después de Semana Santa. La espera no sólo se les hacía sumamente aburrida, según contaron en los dos centros, sino que tenían claro que se quedaban atrás en los cursos y que esa situación no los ayudaba en lo más mínimo.

“Nosotros queríamos empezar, ya no estaba bueno estar en tu casa de vago”, dijo una alumna del liceo 70. Lo mismo sentían los estudiantes del 62. “Mientras no había clase no hacíamos nada, nos quedábamos aburridos en casa con ganas de empezar el liceo, estábamos ansiosos”, contaron tres alumnos de primer año.

Esas ganas fueron constatadas por los profesores y por las directoras de los dos liceos. Fernanda Pereira, directora del 62, dijo que los alumnos “tenían ganas de empezar y estaban motivados”. Por su parte, Grisel Álvarez, del 70, se expresó en el mismo sentido. “Ellos quieren tener clase, hablás con ellos y te lo dicen, el día del último paro venían y me pedían a mí que les dé clase, y hoy en día no es muy común que un adolescente te pida para tener clase”, contó.

Entre los docentes que no apoyaron el paro, algunos hacen hincapié en la función social que cumplen los liceos. “Si los niños no tienen el liceo, tienen la calle”, expresó una adscripta, en referencia a lo negativo que el contexto puede ser para muchos de los alumnos.

La directora del 70 también hizo referencia a ese aspecto: “No tener clase repercute negativamente en ellos, son chicos que vienen de una situación socioeconómica en la que la educación que obtienen en el liceo es fundamental”, expresó Álvarez. La idea fue apoyada por otra docente: “Vienen de familias donde muchas veces no se valora la formación académica, no se jerarquiza la importancia de la educación, por eso es importante que vengan a clase”.

CERRO. El liceo 70 es un liceo “ocupa”. Se creó hace cuatro años y comenzó a funcionar en un local de UTU a orillas de una vertiente del arroyo Pantanoso. Su ubicación era supuestamente provisoria dado que se construiría detrás de la terminal del Cerro un edificio especial para albergar al centro, pero en el lugar todavía no se puso la primera piedra.

Los docentes y los alumnos cuentan que tuvieron que acostumbrarse a vivir como “una visita mal educada”, esa que llega por unos días y se queda mucho más de lo esperado, y también padecen las complicaciones que eso supone.

El primer obstáculo son los baños. En el edificio hay un solo baño para mujeres, que cuenta con un water, un bidet y una pileta. Ir al tocador supone, en el mejor de los casos, una larga espera, que un recreo de 5 minutos no permite completar.

Pero más allá de la demora, también involucra para las mujeres tener que cruzar todo el edificio y pasar frente a los estudiantes de la UTU, que tienen varios años más que ellas y que las someten a comentarios violentos y “piropos” groseros.

Las alumnas explicaron que también por esos comentarios durante un tiempo dejaron de ir a las clases de educación física que se realizaban en el patio. Al concurrir con calzas y al momento de realizar los ejercicios de flexión, las palabras que gritaban los mayores eran “sumamente desagradables”.

Además, el 70 no cuenta con un laboratorio, la dirección y la sala de profesores funcionan en contenedores y no tiene una cocina. Así, por ejemplo, los docentes calientan agua para el mate en la biblioteca.

COLÓN. El 62, por su parte, presenta otras dificultades. El deterioro de las condiciones edilicias y la falta de control policial eran los principales reclamos de los docentes y los padres que comenzaron las medidas de protesta.

En ese liceo las carencias son más difíciles de sobrellevar porque el centro recibe cada día a unos 2.000 alumnos entre los tres turnos y se expone a un desgaste mucho mayor.

Salones venidos a menos, puertas rotas y paredes “que dan electricidad” componen el panorama edilicio del liceo 62. Un docente que formó parte de la ocupación del liceo contó que a veces se apoyaban en un muro y sentían una descarga, por los problemas que hay en las conexiones eléctricas.

Los alumnos también observan ese deterioro. “Hay clases en las que las puertas están todas rotas, tenés que golpearlas para que cierren bien”, dicen. Además, hablan del mal estado de los pizarrones, en los cuales es muy difícil escribir, y de las paredes “totalmente sucias y rotas”. Incluso, señalan la falta de higiene en los baños, que “siempre están sucios”.

A su vez, la falta de seguridad en la entrada y la salida del liceo eran parte de los reclamos. Ahora, se observan dos policías encargados del control.

 

CÓMO RECUPERAR. Aún no está del todo claro cómo se van a recuperar las clases perdidas durante el paro, a pesar de que las autoridades de la educación manejaron algunas opciones como, por ejemplo, dictar clase durante las vacaciones de julio.

“Ahora nos pueden sacar las vacaciones de julio y no estamos de acuerdo, también nos pueden dejar hasta enero. Dicen que el mes perdido lo pueden recuperar en diciembre, y no es sólo por las vacaciones que no estamos de acuerdo, es porque no fue nuestra culpa”, dijo un alumno, preocupado.

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