El país no precisa la revolución, necesita una reforma educativa

Entrevista al Dr. JORGE BATLLE 

Cuando se le pregunta por su gobierno dice que se resiste a hablar del pasado. “Ya ni me acuerdo, a mi me desvela el futuro, el porvenir, el mundo que viene”, contesta. Afirma que dejó un país “en crecimiento” y puede sacar rédito de eso, pero asegura que “hoy el debate es otro y tiene que ver con la esperanza”. “Cuando habla (José) Mujica dice cosas inteligentes, lúcidas, sensibles. Ese es el Mujica del futuro. Pero luego hace todo lo contrario a lo que dice y es porque está anclado en el pasado. Va por un camino ciego”, sostiene.

 

– En una entrevista con el semanario Voces del Frente usted dijo que al país le faltan “ideas” y en otros ámbitos ha señalado la necesidad de procesar un cambio a nivel educativo. ¿Qué propone?

-Las materias primas valen mucho y el dinero no vale nada, ese es el mundo actual y ese mundo ha beneficiado a Uruguay. Pero el tema no pasa por analizar si hemos aprovechado bien o mal los años de bonanza ni tampoco por la pelea entre capitalistas y sindicalistas. El tema central pasa por preguntarnos cómo nos vamos a insertar en un mundo cada vez más abierto pese a las dificultades proteccionistas que aparecen en el barrio. Hoy, los flujos financieros en el mundo, más la internet, tienen tal fuerza y magnitud que los gobiernos ya ni siquiera los pueden controlar. Los cambios sociales que estas circunstancias le van a incorporar al mundo en los próximos años son imposibles de detener. Esto supera toda soberanía conocida en el pasado. La pregunta es: ¿estamos preparados para ese mundo? La respuesta es absolutamente negativa. El tema central que tiene hoy que resolver Uruguay es si va a aceptar que el futuro llegó o va a seguir viviendo en el pasado.

-El presidente José Mujica también, desde un punto de vista filosófico, ha hablado sobre estos temas.

-Pero Mujica se ha autocalificado con eso de que `como te digo una cosa, te digo la otra`. El vive en dos tiempos. Cuando habla todos los días muchas veces quien le escucha siente que dice cosas que llegan a la gente, que son sensibles, lúcidas, inteligentes. Ese es el Mujica del mañana, el que habla. Pero cuando hace es el Mujica del ayer. Está parado con un pie en el pasado y otro pie en el porvenir. No sabe cómo hacer para meterse en el porvenir porque su hacer está tan anclado en el pasado, como todo su gobierno, que el camino que está recorriendo no tiene destino. Y es ese el más grave problema que hoy tiene el gobierno y el Uruguay. En un momento de expansión económica donde el gasto está por encima de todo lo prudente y aconsejable, se ha elegido un camino ciego.

-¿Qué mundo imagina usted?

-Le pregunto a mi nieta si la madre le dio la computadora que le regalé y me dice “esa `compu` es lenta, yo uso el Ipad. ¡Y tiene nueve años! Ese es el mundo. En nuestro tiempo, aunque vimos cambiar la tecnología y la ciencia influyendo sobre nuestras vidas, como seres humanos no nos dimos cuenta del cambio. Pero estos chicos nacieron en un mundo diferente, ellos son el mundo diferente, y nosotros estamos anclados en el ayer. Ese es el grave problema que tiene el gobierno, y lo siente el presidente, por eso dice una cosa pero después hace lo contrario. Todo lo que dice no lo puede hacer o porque no lo sabe, o porque no lo siente, o porque no lo dejan hacer. Y cada día que pasa el Uruguay se aleja más de su porvenir y de sus esperanzas. La gente lo ha comenzado a percibir y no solo por el problema de la inseguridad. Aún la gente más humilde y, aparentemente, que carece de más conocimiento y cultura, lo percibe en el punto central de la vida del Uruguay que es la educación. El país no precisa una revolución, el país precisa una profunda reforma educativa.

-¿Qué impide esa reforma?

-No se puede hacer esa reforma con sindicatos que luchan por un poder vacío que no tiene sentido en sí mismo, y menos con profesores a los que luego de 40 años de hacer determinada cosa el mundo, no el gobierno, el mundo les dice que ahora hay que hacer otra distinta, completamente diferente, y lo resisten. El mundo de hoy no tiene nada que ver ni con geografía ni con el estudio de Roma o Grecia, el mundo de hoy permite asistir desde el sillón de su casa a una clase con el mejor profesor del mundo en determinada materia en la Universidad de Oxford, Stanford o Harvard. Ese es el mundo al que debemos aspirar. Y la sociedad uruguaya empieza a darse cuenta que éste no es el camino. Hoy se da el aprovechamiento de una coyuntura fantásticamente positiva que ha permitido darle mejores ingresos a la gente pero sin cambiarle el destino. Muchos se han transformado, sin saberlo, en dependientes de la generosidad de la sociedad a través del Estado pero sin mejorar su condición hacia el futuro. ¿Ellos piensan que van a vivir toda la vida sin trabajar? ¿Esa es la moral? Esa no es la historia del Uruguay ni de ningún país. Ningún país se hizo sin trabajo, audacia, coraje, osadía y generosidad. Ayudar para salir del pantano sí, pero transformar la ayuda en dependencia, no. Eso no forma democráticos, forma esclavos.

-Usted hablaba de la reforma educativa, el futuro y las nuevas herramientas. El Plan Ceibal va en ese sentido.

-El Plan Ceibal es algo muy bueno, ahora se requiere andar sobre él para mejorar los resultados, pero es bueno y como es bueno lo resistieron los profesores y maestros. Es un cambio, no sé si revolucionario, pero es el principio de un camino y por tanto en sí mismo es bueno. Hoy por hoy si usted no tiene un laptop no puede ingresar a ninguna universidad en el Universo.

-Más allá de que usted dice que faltan ideas, el debate educativo está presente en la agenda política. Lo han manifestado tanto el gobierno como su partido y el Partido Nacional.

-Mujica mantuvo en vilo al país con su preocupación por la educación pero no ha hecho absolutamente nada. Darle tres votos al presidente del Codicen no es una reforma educativa, es la nada. Hoy el problema está en Primaria donde hay un 1,8% de repetidores en sexto año, según números oficiales, mientras que en Secundaria, al final del Ciclo Básico, hay un 40% de repetidores. Por lo tanto, lo de Primaria es falso, ahí no hay formación, no hay educación, el asunto es que pasen, que pasen y que pasen. Esa es la voz de los inspectores y directores que llega a los maestros. Eso es lo que hay que cambiar.

-Usted califica el gasto social de exagerado, pero también es cierto que la crisis de 2002 dejó una profunda fractura social en todo el país.

-En 20 años una sociedad no cambia tanto. Aquí hay un mensaje ideológico que dice “la sociedad es la culpable”. Ese fue el mensaje explícito del ministro José Díaz y el expresidente (Tabaré) Vázquez. Por tanto, si yo no soy culpable, no tengo la obligación de ser responsable de nada. El gobierno es mi padre y me dice que soy una víctima de la sociedad, por tanto, violo la ley de una sociedad culpable. Es así de claro. Si además la actitud de las fuerzas del orden está signada por ese perfil, dejo los presos libres y no quiero sancionar a menores, todo deriva en piedra libre para que cada uno haga lo que se le antoja.

-¿Cómo se reduce la pobreza y la indigencia sin esos niveles de gasto social?

-Es muy sencillo, hay que darle trabajo a la gente para que pueda mejorar su condición. Si alguien tiene la certeza que durante siete años va a recibir un ingreso sin trabajar, lo que hace es trasmitir esa forma de pensar a toda la familia. El que hace siete años que recibe una ayuda del Estado no va a cambiar de actitud ante la vida mientras el gobierno hace el esfuerzo para mantener a esa gente pobre, débil y esclava.

-¿Cómo ve al Partido Colorado de cara a las próximas elecciones nacionales?

-El Partido Colorado va a votar mejor que en la anterior elección, sobre eso no tengo ninguna duda, pero desde ya también digo que la obligación del Partido Colorado, si quiere ganar la elección, cosa que puede hacer, es devolver la esperanza que el país está perdiendo. No se gana una elección diciendo que el otro es malo, se gana convocando al país al gran desafío del porvenir. ¿Tá claro?

“Yo nunca le pedí nada a Bush”

-A diez años de la crisis de 2002, ¿cómo recuerda aquella etapa de su gobierno?

-La crisis se inició en Brasil con la devaluación, rebotó en Argentina con el corralito y pegó acá en los bancos más comprometidos con la economía argentina. Dijimos que no al default cuando lo pidió Vázquez y el Fondo Monetario. Yo nunca le pedí nada al presidente George Bush y nadie habló con él en mi nombre. El préstamo fue una determinación que tomó el gobierno de Estados Unidos gracias al mensaje que por intermedio del embajador Fernández Faingold le hice llegar al ministro de hacienda. Le dije que en Uruguay no había una situación estructural sino de iliquidez, y que el asunto dejaba de ser financiero para pasar al grado de ser institucional. En Uruguay no se caían los bancos, se caía la democracia. Ese fue el disparador que llevó al gobierno de los Estados Unidos a hacer una excepción y darnos la ayuda financiera que resolvió el problema. Tuvimos una comprensión muy decidida del Partido Nacional y el Partido Independiente. El Frente Amplio podía sacar ventaja electoral pero prefirió no hacer olas y el senador Astori apoyó la solución que propuso el gobierno de forma valiente, patriótica y honesta. Seis meses después estábamos colocando deuda en moneda propia y el país comenzó a crecer. Si la elección hubiera sido a fines de 2003 nos ganaban por más del 60% de los votos. Fue en 2004 y Tabaré Vázquez ganó apenas, se podría decir que hubo un empate técnico. Si la elección se hubiera hecho en 2005 no perdíamos.

Seguridad: “Desde la más tierna infancia”

-Qué opina de la seguridad y lo que hace el gobierno?

-Soy partidario de la libertad y los megaoperativos no sirven para nada, son las viejas razzias. A los adictos a la pasta base los tienen que atender organizaciones sociales que son las que mejor trabajan en esos temas. Por el otro lado, hay ciudades enormes que convivieron con violencia extrema y lograron resolverla. No es un tema simple, se necesitan muchas medidas. Firmé para bajar la edad de imputabilidad pero estamos a tiempo de que el oficialismo acepte convertirlo en ley y nos ahorre la reforma constitucional.

-Bajar la edad de imputabilidad no solucionará el problema de la inseguridad.

-Es uno de los temas. La cosa empieza desde la más tierna infancia y la educación es la base para que la gente asuma responsabilidades. La permisibilidad como expresión de la libertad no sirve porque termina en conductas destructivas. La ley limita la libertad para proteger a los seres humanos y evita que la sociedad se destruya a sí misma.

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