Patrones de sí mismos: un nuevo tipo de emprendimiento social

Negocios inclusivos

Proyectos crecen a la sombra de grandes empresas

Sin trajes ni charlas motivacionales y con pocos estudios curriculares, un nuevo tipo de emprendedor sale de la informalidad y aparece en la geografía uruguaya de los negocios.

Sus emprendimientos, en muchos casos al cobijo de grandes empresas y ONG, son denominados por la academia Negocios Inclusivos (NI). Para ellos, en cambio, concretan el sueño de ser patrones de sí mismos.

 

Es una responsabilidad bastante grande ser dueño. Se torna difícil ser patrón porque tenés muchas responsabilidades, más que si sos empleado”, dice Mónica Custodio, una de las integrantes de la Cooperativa Integral Labora (CIL), una cooperativa de clasificadores encargada de gestionar los residuos en el Montevideo Shopping Center. “Pero está bueno tener algo de uno. No ganamos platales, ganamos lo que un limpiador, pero es de nosotros”, agrega.

Entonces, Mónica habla. Habla de futuras ampliaciones del negocio, de que no tienen poder para fijar precios, de que ampliar el negocio no implicaría necesariamente más ganancia porque también implicaría nuevos socios. Todo lo que dice es lo que ha aprendido en estos cuatro años, desde que surgió el proyecto. Antes trabajaba en la ONG Obra San Vicente. Y antes, en la calle.

Tras un taller de formación, la ONG le propuso integrar el proyecto de clasificación de residuos en ese shopping. La Obra San Vicente ya tenía una experiencia previa en el shopping de Portones, donde desde 2006 la empresa Sol Naciente, cuyos miembros son también clasificadores, se encargan de gestionar los residuos del shopping y procesarlos en una planta que el centro comercial adquirió a esos efectos.

“Portones ya tenía un sistema de gestión ambiental”, cuenta Arllene Ychuste, coordinadora de clasificadores en la Obra San Vicente. “Tenían la planta y la clasificación la hacía una empresa de limpieza. Entonces hablamos de incorporar este emprendimiento”.

Tanto Sol Naciente, como CLI se encargan de producir y comercializar lo producido. Ambas empresas, de cuatro y cinco socios respectivamente, trabajan formalmente.

La ONG se mantiene en el proceso, pero como un tutor: acompaña en las reuniones con la administración del shopping y con el contador. “La tutela va en acompañar el proceso de la cooperativa, es un aporte empresarial. Más que nada volcado a la parte formal”, explica Ychuste.

 En el interior del país

Hay otros emprendimientos con un sesgo similar a los de los clasificadores en Montevideo y también desarrollados por emprendedores de escasos recursos y poder adquisitivo.

En Sauce de Batoví, en Tacuarembó, 24 familias constituyeron una asociación de horticultores y un club de compras para acceder a mejores precios en sus insumos. El proyecto fue iniciado por UPM junto a la ONG Bio Uruguay con el objetivo de impulsar el desarrollo de esa comunidad a través de mejoras en su productividad.

En Durazno, 11 “cruderos”, pequeños productores de leche, se asociaron para poder comercializar su producción láctea con la empresa Nutrísima, en Tacuarembó, ya que solos no podían hacerlo. El proyecto fue organizado por la Intendencia. También participó Montes del Plata, ofreciendo a los productores sus predios para pastoreo.

En Cerro Largo, en la zona de Fraile Muerto, hay una organización de asalariados y peones rurales que produce cerdos de cría a cielo abierto. Esta variedad no requiere ración y por eso es de bajo costo y muy rentable. La producción se vende en grandes cadenas de supermercados como Disco, Devoto y Geánt. La iniciativa surgió de la Fundación Quebracho en coordinación con la Facultad de Agronomía.

“Se trata de un nuevo enfoque”, explica Óscar Licandro, sociólogo y coordinador del programa sobre responsabilidad Social Empresarial de la Facultad Católica. Licandro, en un libro próximo a ser editado, relevó hasta 16 emprendimientos inclusivos (NI) en el país.

“Todos son autosustentables, operan en la economía de mercado y generan ganancia”, explicó.

 

EN MUCHOS LADOS MÁS

“¿Es posible generar desarrollo y ser rentable?”, pregunta Carlos Fernández, consultor de I-Dev International, una firma que crea proyectos de desarrollo para poblaciones marginadas y que realizó en nuestro país un seminario sobre NI en la Embajada de Estados Unidos.

Emprendimientos como los relevados por Licandro son la última frontera en Responsabilidad Empresarial, una frontera permeable que aúna objetivos filantrópicos con resultados económicos positivos. También estimulan a los sectores más pobres de la economía que es un segmento poco considerado por las empresas.

“Hacer caridad es firmar un cheque, pero no asegura la sostenibilidad ni poder replicar la iniciativa”, señala Jason Spindler, fundador de I-Dev.

Varias empresas multinacionales, seducidas por los beneficios, utilizan los NI como políticas de RSE. La vendedora de café Green Mountain, por ejemplo, estimuló la producción del insumo en Colombia entre personas por debajo de la línea de pobreza. Ahora compra esa producción dirigida y se asegura el abastecimiento. Los productores a su vez duplicaron sus ingresos.

“En el mundo se invierten 200 billones de dólares anuales en crear desarrollo”, explica Spindler. “Solo el 15% tiene un impacto real y sostenible”.

 

El País Digital

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