¿Dónde están las huellas charrúas?

Desde la escuela la palabra “charrúa” se cuela en la identidad de los uruguayos, la historia de estos indígenas no ha terminado de contarse. Pero, ¿por qué la “nación” charrúa, al decir de Bracco, continúa siendo un misterio, aun después de años de investigación? ¿Por qué en el imaginario colectivo uruguayo los charrúas cobraron protagonismo frente a tribus con mayor peso, como los guaraníes?charruas

Haya o no un “resurgir” de la temática indígena en las bibliotecas,  conviven el libro del historiador y docente Diego Bracco, Indígenas del Uruguay (Banda Oriental); el del sociólogo y antropólogo Fernando Klein, Nuestro pasado indígena (Ediciones B), y el del antropólogo e investigador Daniel Vidart, Uruguayos (Ediciones B), que dedica capítulos a los indios de este lugar.

Baches históricos

Al parecer, los silencios que guarda la historia tienen varias razones, que se explican tanto a partir de lo racional como de lo emocional.

Así, las investigaciones de historiadores, antropólogos y arqueólogos señalan que los charrúas habitaron los actuales territorios de Entre Ríos y Corrientes, en Argentina, y el litoral uruguayo, sobre el río Uruguay. No obstante, no eran los indígenas predominantes en el resto del territorio oriental, habitado por tribus de guenoas-minuanos, pampas, chanaes y bohanes. Además, la ocupación charrúa fue más tardía.

De hecho, Bracco señala a los guenoas-minuanos como descendientes de los constructores de “cerritos de indios”, que también aparecen en los libros para estudiantes con un halo de misterio. Al respecto, Klein recoge en su libro los últimos datos que indican que, además de tumbas, los cerritos conformaban una especie de “mojón” para separar espacios políticos y sociales. Antes, se creía que eran montículos para resguardarse de las inundaciones.

A su vez, la línea de trabajo de Bracco en conjunto con el arqueólogo José María López Mazz rellena un hueco histórico donde los guenoas parecían haber desaparecido. Bracco llegó a la conclusión con que titula uno de los capítulos de su libro: era una “cuestión de nombres”. El autor explica que, mientras las descripciones escritas en sitios cercanos a la costa describen a chanaes, guaraníes y charrúas, las del interior mencionaban a otros indígenas, los guenoas-minuanos. Sin embargo, “los documentos permiten afirmar que las palabras guenoa (como les llamaban los jesuitas) y minuano eran usadas para designar a las mismas personas”, explica Bracco.

A pesar de las nuevas investigaciones, el pasado charrúa e indígena en general es misterioso. Aun para los expertos es difícil determinar qué huellas pertenecen a qué tribu, que habitaron estas tierras al mismo tiempo y que, se cree, terminaron por fusionarse. Tampoco se conoce mucho sobre el aspecto religioso y sus lenguas, que ya nadie habla, a excepción de la guaraní.

La historia de los otros

Se ha dicho que la historia la escriben los vencedores. Y eso es más o menos lo que ha sucedido.

Para reconstruir el pasado, los investigadores dependen de los documentos de época y de quienes los escribieron. En este caso, existen textos de unos 500 años, pero solo desde 1670 abundan los “documentos de primera mano”: aquellos que no son literarios y que pueden ser crónicas de viajeros o un mensaje pidiendo yerba, ejemplificó Bracco. Y estas pruebas son más confiables, dijo el historiador.

indigenas

Por otro lado, las descripciones escasean al principio de la época colonial, ya que los colonizadores se concentraban sobre la costa. En tiempos más avanzados de la colonia, los europeos y criollos comienzan a toparse con indígenas más al norte: no es que no existieran, solo que no se los cruzaban. Por otra parte, el historiador radicado en Sevilla señaló la difícil “bisagra entre lo histórico y lo arqueológico”, campo que no tiene la misma “fineza” en determinar años, por ejemplo.

Por su parte, Vidart cree que lo que hizo desaparecer a los charrúas fue el “ninguneo” impuesto luego de Salsipuedes, que la garra charrúa es un mito, como el que surge de “sentirnos huérfanos de la memoria de un ayer aborigen”. Para él, los charrúas dejaron una “huella muy tenue, tanto física como espiritualmente, en los cuerpos y en las almas del publo oriental”. Niega que haya charrúas aquí hoy. Bracco sabe que, culturalmente, eso es cierto. Pero, como señala al final de su historia, “somos quienes somos por lo que nos ha ocurrido”. Entonces, lo lógico es querer saber.

MÁRTIRES DE ACÁ – En Francia existían los zoológicos humanos, donde eran exhibidos todos los seres humanos que no eran europeos como algo fantástico, obviamente ne condiciones infrahumanas (esquimales, indígenas, pigmeos,etc)

Evidencia

Un mapa publicado en el libro Indígenas del Uruguay de Diego Bracco muestra cómo en 1835 aún subsistía una toldería charrúa en el norte del territorio uruguayo, cuatro años después del episodio de Salsipuedes. Se trata de un lugar geográfico concreto y promisorio para las investigaciones arqueológicas.

No obstante, el historiador Bracco explicó que, al ser un lugar que daba paso al río, con abundantes recursos y utilizado durante muchísimo tiempo, debe tenerse cuidado, ya que en este tipo de sitios “se encuentran distintas capas sutilmente mezcladas”. Por tanto, la tarea no es tan fácil como colorear un mapa y señalizarlo.

Tristemente parte de nuestra historia

GUYUNUSA ELLA, ESPOSA DE TACUABÉ. FUERON ESTUDIADOS, HUMILLADOS, ESCLAVIZADOS, SECUESTRADOS..MURIERON DE TRISTEZA EN FRANCIA LYON,

El 25 de febrero de 1833 fueron trasladados contra su voluntad a Francia cuatro orientales de la nación charrúa : Vaimacá Perú, Senaqué, Tacuabé, y Guyunusa. El interés científico, si es que existió, duró muy poco y rápidamente los charrúas fueron cedidos por Francois de Curel, el responsable de su traslado forzoso a un circo para su exhibición. Es así que fueron tratados como si fueran animales, obligados a comer carne cruda y vivir en forma indigna, sometidos por la fuerza. Estos compatriotas, integrantes de un pueblo con activa participación en las guerras de la independencia, dentro del Ejército Artiguista y la Cruzada Libertadora, y para quienes la vida era concebida sólo en libertad y en su tierra, en la inmensa llanura o en la espesura del monte criollo, no tuvieron muchas alternativas para defender su dignidad. Abandonados a su suerte, sin nadie que se interesara por ellos, estos guerreros orientales de la Patria Vieja comenzaron su última batalla. Senaqué murió el 27 de julio de 1833, luego de cuatro días de agonía, el diagnóstico médico estableció fiebre de consumición originada por la desesperación, el aburrimiento y especialmente la nostalgia.
A fines de 1833 Vaimacá, el cacique, sigue la suerte de Senaqué. En setiembre de 1833 Guyunusa da a luz a una hija de Tacuabé. Todo hace suponer que el nacimiento de la hija llevó a los padres a aferrarse a la vida. Sin embargo la miseria, las privaciones y los malos tratos los acorralan. La madre ingresa enferma el 22 de julio de 1834 al hotel Dieu de Lyon, falleciendo a las pocas horas. La situación era escandalosa y frente a denuncias, la policía francesa se decide a intervenir cuando ya era demasiado tarde. En la ciudad de Lyon, Tacuabé logra huir con su hija dejando sin pistas a la policía. Según investigación periodística publicada por el diario El Día el 9 de octubre de 1938, existiría una familia francesa de Lyon que se dice descendiente de los indios Charrúas, no habiendo en la actualidad ninguna comprobación verídica de este hecho. No es un asunto más, ni un homenaje cualquiera. Se trata del reconocimiento a un componente étnico muy importante de nuestra Nación. Se trata de asumir como sociedad la responsabilidad por aquellos cuyos derechos no supimos resguardar.

LOS CHARRUAS A FRANCIA

FOTO CHARRUASEl 25 de febrero de 1833 fueron trasladados contra su voluntad a Francia cuatro orientales de la nación charrúa: Vaimacá Perú, Senaqué, Tacuabé y Guyunusa. El interés científico, si es que existió, duró muy poco y rápidamente los charrúas fueron cedidos por Francois de Curel, el responsable de su traslado forzoso a un circo para su exhibición. Es así que fueron tratados como si fueran animales, obligados a comer carne cruda y vivir en forma indigna, sometidos por la fuerza. Estos compatriotas, integrantes de un pueblo con activa participación en las guerras de la independencia, dentro del Ejército Artiguista y la Cruzada Libertadora, y para quienes la vida era concebida sólo en libertad y en su tierra, en la inmensa llanura o en la espesura del monte criollo, no tuvieron muchas alternativas para defender su dignidad.

Abandonados a su suerte, sin nadie que se interesara por ellos, estos guerreros orientales de la Patria Vieja comenzaron su última batalla. Senaqué murió el 27 de julio de 1833, luego de cuatro días de agonía, el diagnóstico médico estableció fiebre de consumición originada por la desesperación, el aburrimiento y especialmente la nostalgia.
A fines de 1833 Vaimacá, el cacique, sigue la suerte de Senaqué. En setiembre de 1833 Guyunusa da a luz a una hija de Tacuabé. Todo hace suponer que el nacimiento de la hija llevó a los padres a aferrarse a la vida. Sin embargo la miseria, las privaciones y los malos tratos los acorralan.

La madre ingresa enferma el 22 de julio de 1834 al hotel Dieu de Lyon, falleciendo a las pocas horas. La situación era escandalosa y frente a denuncias, la policía francesa se decide a intervenir cuando ya era demasiado tarde. En la ciudad de Lyon, Tacuabé logra huir con su hija dejando sin pistas a la policía. Según investigación periodística publicada por el diario El Día el 9 de octubre de 1938, existiría una familia francesa de Lyon que se dice descendiente de los indios Charrúas, no habiendo en la actualidad ninguna comprobación verídica de este hecho.
Vaimacá Perú o Pirú nació alrededor de 1780 y muere en Francia el 13 de setiembre de 1933.

Senaqué murió el 27 de julio de 1833 en Francia. Tendría unos 56 años.

-Guyunusa nació el 28 de setiembre de 1806 y muere en Francia el 22 de julio de 1834.

-Tacuabé nació el 14 de julio de 1809.

Iluminación de monumento a Los Charrúas

Fue instalado un sistema de iluminación autónomo, alimentado por energía solar, que libera un haz cónico. Además fueron repuestas varias piezas del conjunto escultórico que habían sido sustraídas: la lanza y uno de los tientos de las boleadoras, el asa del jarro y la bombilla.

La restauración fue hecha por la Broncería del Charrúa, de Leonel Dufau. El trabajo incluyó el moldeado por un escultor, fundición de las piezas en bronce, terminado y cincelado, realización de encastres para empalmar, colocación, soldadura e igualación de la pátina.

La obra fue realizada por los escultores uruguayos Edmundo Prati, Gervasio Furest y Enrique Lussich.

Inaugurada en 1938, la escultura representa a Senaqué, Vaimaca, Guyunusa y Tacuabé, los cuatro indígenas que fueron llevados a Francia en febrero de 1833.

En ese país primero fueron exhibidos públicamente y luego estudiados por la Academia de Ciencias Naturales.

Los hombres murieron en poco tiempo. Guyunusa dio a luz una niña en París y falleció en 1834.

“RECORDEMOS ” que ellos tienen el principal derecho y que sería una degradación vergonzosa para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonzosa que hasta hoy han padecido por ser indianos…” José Artigas.

Los charrúas dejaron una huella muy tenue, tanto física como espiritualmente, en los cuerpos y en las almas del pueblo oriental”, escribió el antropólogo Daniel Vidart en Uruguayos

TÉRMINOS INDÍGENAS EN TACUAREMBÓ

Muy poco se ha escrito sobre la vida de los indígenas en nuestro departamento y queremos mostrar en el plano la influencia del léxico indígena en la toponimia de nuestro departamento.
Nombres que aparecen en el mapa y origen y de la palabra.
• Aguará (G), zorro, alma, origen.
• Batoví (G), seno de mujer.
• Butiá (G), dar agua, fruta de palmera.
• Caraguatá (G), clavel del aire, batata.
• Charata (G), especie de paloma, gallinácea.
• Cuaró (G), cueva usada.si
• Guaviyú (G), planta frutal.
• Guayabo (G), frutal.
• Hum (G), negro.
• Hum (G), negro.
• Lambaré (G), era un cacique guaraní muy conocido
• Mini (G), poco, chico.
• Ñandubay (G), árbol de madera dura.
• Quillay (Charrúa-chaná), delantal de cuero.
• Tacuarembó (G), caña, gramínea.
• Tacuruses (G), hormigueros.
• Taruman (G), árbol parecido al olivo.
• Turupí (G), hongo.
• Yaguarí (G), felino, yaguareté.
• Yarará (G), víbora.
• Zapucay (G), sonrisa.

Como se observará abundan los guaranismos en la designación de los lugares. Provienen del tiempo de las vaqueadas de los indígenas misioneros en nuestro territorio.
d1a5b-ninos-denutridos-en-chacoCERROS con la toponimia de nuestro departamento: un Cerro Vigía, Cerro Charrúa, Cerro de las boleadoras, Cerro del mortero, Cañada de los Charrúas, Cerro de los Indios, Cañada del Minuano, además hay un caserío, una laguna y un paso del mismo nombre. Un Cerro de las Bolas y tres Cerros Vichadero.

Nuestro departamento de Tacuarembó es el único de los 19, que lleva un nombre propio indígena.

Respuesta charrúa al señor Peter Siegenthaler

Escrito por: Aníbal Terán Castromán

Si el representante del Banco Mundial en mí país, invitara a responder la pregunta: “¿Qué cambiarías en Uruguay para hacerlo más próspero y equitativo?”, imaginando a mis antecesores, me parece que oigo sus respuestas:

“Guahif gomálat” (habría que acogotarte) diría el guerrero. “Misiajalaná Gualiche” (detente espíritu malo) diría el chamán de la tribu. Mis antepasados sabían distinguir un “inchalá” (hermano) de un “codi” (traidor). Pero no se asuste ni se ofenda. No lo estoy tratando de traidor, o de diablo, ni lo estoy amenazando de muerte. Estoy solo imaginando que responderían mis ancestros a su pregunta.

“Uruguay” es una palabra muy antigua cuyo origen y traducción siguen siendo discutidos, pero sin duda pertenece al lenguaje de los pueblos primitivos que habitaban estas tierras. A pesar de las operaciones de exterminio que pretendieron borrar la cultura precolombina en lo que hoy es mi país, felizmente se ha podido rescatar algo de la lengua y de la cultura charrúa.

En los “Pirí” (las tolderías Charrúas), había tiempo para meditar y escuchar historias. Por eso, muy a menudo el pueblo charrúa responde con el relato de episodios que transmiten una lección o un consejo sabio. Como si estuviera allí, le voy contar una anécdota que viene al caso: Un anciano estaba contemplando cómo en medio de la campaña electoral, un dirigente político repartía alimentos entre los pobres. Al ver la astucia con que este candidato trataba de parecer bueno, comentó: “¡Primero hacen los pobres, después los ayudan!”

Esas palabras le aplican muy bien al Banco Mundial. Primero hunde en la pobreza a los pueblos cuyos gobiernos se someten a sus dictámenes, y después aparece como una institución preocupada por combatir la pobreza. El Banco Mundial fue creado como un disfraz para que los ricos aparenten sensibilidad y humanismo, cuando en realidad apenas reparte limosnas en programas sociales. Es una forma de decirle a los pueblos: “Ando diabun” (vamos a dormir), todo lo contario de “Basqüadé” (¡levántate!). Solo un país “bubalaí” (derribado) cuya consciencia está adormecida, puede creer que el BM lo va a ayudar.

Por lo expresado, mi respuesta es simple: no permito que entidades como el BM me interroguen con intenciones de intervenir en los asuntos internos de mi pueblo. En Uruguay no necesitamos al Banco Mundial y espero que crezca el número de compatriotas que así lo entienda. Que sea como un “Ithue” (fuego grande) que nadie pueda apagar.

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