Clase media baja en peligro de desahucio

Un estudio contratado por el Mides alerta por la situación en la que se encuentra la clase media baja. Salvo por las condiciones de vivienda, ese sector comparte la mayoría de las características de la franja pobre y es altamente vulnerable.

El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) solicitó al Instituto de Ciencia Política, de la Facultad de Ciencias Sociales, que realice un estudio de la pobreza aplicando una medición multidimensional, o sea que analice otros factores más allá del ingreso, que es el que tradicionalmente se utiliza.

En ese marco, el Instituto tomó los datos de la Encuesta Continua de Hogares y los aplicó a cuatro grandes dimensiones: confort, vivienda, nivel educativo e inserción laboral. “El Mides trabaja fundamentalmente con los sectores pobres, entonces nosotros empezamos a mostrar que hay otros sectores que no son necesariamente pobres, pero que les falta algo que los ayude”, explicó a El País la coordinadora del informe, Carmen Midaglia.

El estudio, terminado en noviembre, delimitó un grupo definido como “clase media baja” que se caracteriza por una gran vulnerabilidad y que comprende a 159.011 personas en Montevideo (12% de los hogares) y a 209.622 habitantes en el interior urbano (13% de hogares). “Esto muestra que en realidad no hay tanta diferencia entre el núcleo duro de la clase media baja y la clase más baja”, expresó Midaglia al respecto. Según datos del INE cerrados a 2011, en Uruguay hay 460.000 pobres.

El grupo medio bajo se caracteriza por poseer niveles de educación y trabajo muy similares a los que tienen los sectores pobres, y solo se diferencia porque tiene un poco más de confort y viviendas de mejor calidad. La clase media baja no vive en asentamientos, como sí lo hacen los sectores pobres, pero habita en barrios en los que hay “núcleos de pobreza por ingresos”. Además, se observó que en Montevideo, el 54% de estos hogares tienen “jefatura femenina”, mientras que en el interior un 51% de los hogares tiene mujeres al frente.

La educación y el trabajo son los dos núcleos que el estudio marca que deben ser atendidos con urgencia para ayudar a los sectores medios bajos y, a la vez, a los pobres. El sector medio bajo se caracteriza por tener malos niveles de formación, con un promedio de entre siete y diez años cursados, lo que implica que completan la escuela y hacen, en general, uno o dos años de liceo.

De la mano de los problemas educativos, aparecen las complicaciones en la inserción laboral para los sectores medios bajos. Midaglia, que es doctora en Ciencia Política y socióloga, explicó que la formación que tienen estos grupos los termina marcando en lo que será su inserción laboral. Según dijo la especialista, quienes componen el sector medio bajo generan ingresos, pero “tienen una informalidad importante”.

Midaglia advirtió que las carencias en educación y en inserción laboral se trasladan a los niños que nacen en esos grupos y que, si se mantienen esos parámetros, “se pueden llegar a perder generaciones”.

RIESGOS Y PLANES

Más allá de las carencias actuales que vive el sector medio bajo, hay una serie de riesgos que aparecen en el horizonte de este grupo y por los cuales la investigación realizada para el Mides alerta específicamente.

La socióloga afirmó que “en una crisis económica, en cualquier ciclo que empiece a bajar el PBI o en cualquier etapa de debilitación económica, estas personas caen enseguida” hacia el sector pobre. Según explicó, si se detienen ciertas ramas de la producción que incorporan trabajo poco calificado, como puede ser la construcción, el sector medio bajo va a ver afectada su condición.

Lo mismo sucede cuando la persona ingresa en la vejez y ya no puede trabajar, dado que por haberse desempeñado de manera informal no va a recibir una jubilación, o cuando aumenta la cantidad de niños en el hogar y los gastos crecen. También, están sumamente expuestos a las decisiones políticas, y si se recorta un beneficio social se dificulta su situación.

“Son vulnerables a empeorar su situación en la escala social”, dijo Midaglia y agregó que en general estos sectores tienden a empeorar. “Dado el promedio que tienen de educación, dado los aspectos problemáticos que enfrentan, diría que están más proclives a caer que a subir. Es muy difícil que con siete u ocho años de educación se pueda mejorar de repente”, afirmó.

En tanto, el estudio señala “tres vacíos de intervención pública” en relación al grupo medio bajo. Se explica que “dos de ellos se centran en sectores clásicos de bienestar” y que el tercero pertenece a “una nueva arena de política pública”. Entre los clásicos se habla del campo laboral y se dice que “parece necesario profundizar la estrategia de formalización” y además “impulsar prestaciones sociales de amplia cobertura o al menos de cobertura significativa” para la capacitación en el mercado de empleo. Además, afirma que “parece oportuno que se revise la opción política relativa a que si las nuevas intervenciones públicas se deben centrar en transferencias o se tendría que comenzar a pensar en clave de servicios”. Luego, se plantea que “resta modificar sustantivamente” el sector de la educación formal o “buscar alternativas” a lo existente, “dado que el bajo nivel educativo de este sector es un indicador más del deficitario funcionamiento del sector de la enseñanza”.

Como campo nuevo de acción se habla de la “promoción de iniciativas de atención a la dependencia” dado el porcentaje relativamente alto de hogares con jefatura femenina donde una proporción de ellos son monoparentales con menores a cargo y el resto unipersonales, con mujeres de tercera edad.

DATOS DEL ESTUDIO REALIZADO

“La Protección a los Sectores Medios Bajos” es un trabajo realizado por el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. El informe fue realizado a pedido del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y se entregó a la cartera en el mes de noviembre.

En el informe trabajó Carmen Midaglia, como coordinadora, junto con politólogos y economistas del Instituto: Florencia Antía, Marcelo Castillo y Martín Sanguinetti. El foco del estudio estuvo en analizar al sector social que sin ser considerado pobre, desde un enfoque multidimensional presenta una serie de carencias de bienes y recursos que lo hacen vulnerable o susceptible de caer en condiciones de pobreza frente a cualquier shock económico, etapa vital o circunstancias particulares.

“Concentrar la energía en educación y formación laboral”

Carmen Midaglia, coordinadora del informe realizado para el Mides, estimó que es necesario “repensar la educación” o tal vez sumar “programas adicionales”. “Capaz que hay que extender el tiempo pedagógico, tal vez es necesario reforzar con otros apoyos, como pueden ser los programas especiales, como el programa de Aulas Comunitarias”, dijo Midaglia a El País.

Además, llamó a atender particularmente el ciclo básico, donde se produce la mayor parte de los abandonos en el sistema educativo. “Hay que pensar el ciclo básico de otra manera, el problema es el abandono que hay en esos años. Tal vez hace falta pensar una formación más tecnológica, o más oficios, sobre todo para esos sectores que es muy difícil que hagan una carrera universitaria o que hagan una tecnicatura”, comentó. “Hay que concentrar la energía en la educación y en la capacitación laboral; no es un número menor la cantidad de gente que está en esta situación”, opinó la socióloga.

Por otra parte, Midaglia dijo que el sector medio bajo es alcanzado por los planes sociales y entendió que “Uruguay es un país que protege por distintos mecanismos”. Así, un 64% de quienes integran el sector medio bajo cobra las asignaciones familiares del Plan de Equidad. Mientras que en el sector pobre esa cifra se ubica por encima del 90%. “De alguna manera todos están protegidos, pero esto no resuelve los temas donde ellos tienen los problemas y seguramente sus hijos van a arrastrar esos problemas. Los van a seguir teniendo; más que nada en los temas trabajo y educación, que son las dos claves que atraviesan a los sectores pobres y medios-bajos”, afirmó Midaglia, que dirige el área de políticas sociales y reforma del Estado en el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales.

“Atender la clase media y no solo a los pobres”

 CON LA COORDINADORA DEL ESTUDIO, CARMEN MIDAGLIA

-¿A qué apuntó el estudio?

-Queríamos saber cómo se distribuía el bienestar en los distintos grupos de población en Uruguay. Teníamos la hipótesis y luego la comprobamos, la estructura social no se divide entre pobres y no pobres, sino que hay una gama de necesidad o de distribución de bienestar que es diferente.

-¿Qué implican esas observaciones?

-Lo que nosotros vemos, que se vincula con la forma de pensar el sistema de protección o de políticas sociales, es que en las características estructurales -excepto la vivienda-, se parecen mucho los pobres con el sector medio bajo. Lo que planteamos es que el separar en pobres o no pobres cuando se mira la estructura social no debe ser así, es necesario pensar políticas y programas que también atiendan las necesidades de estos grupos.

 -Lo usual es medir la pobreza por los ingresos de las personas, ¿para qué sirve medir la pobreza de forma multidimensional ?

-Sirve para darte cuenta que no es un problema solo de ingresos, va mucho más allá. Es de capital educativo, es de problemas de inserción laboral; la transferencia de ingresos ayuda pero no resuelve. No resuelve que la persona vaya a modificar su inserción laboral, entonces lo multidimensional ayuda a pensar políticas públicas.

-También parece que estos resultados dan una advertencia, muestran un nuevo foco al cual hay que atender, ¿es así?

-La advertencia es que hay que atender a ese sector y que hay que decir dejemos de estudiar la pobreza solo por ingresos.

-¿Las carencias en educación y trabajo hacen que estas personas no se integren a la sociedad?

-La educación es un capital social y permite la inserción en el mercado de empleo y la generación de expectativas. A medida que la personas avanza en la escala educativa tiene expectativas de vivir mejor, de comprarse alguna cosa. Comienza a relacionarse con otro tipo de gente y eso produce lo que se llama transformar su universo en algo heterogéneo. A eso se lo denomina capital social.

Uruguay es el paraíso. Un país “enteramente de clase media”. Un país que vive un gran momento “económico y emocional”. Un “gran país con una personalidad admirable”. Un país “grande en su inteligencia y en su decoro”. La tierra prometida.
Así lo vio, lo sintió y lo escribió el periodista argentino Rolando Hanglin tras una recorrida en auto entre Colonia y Maldonado, relatada luego en una columna publicada en el diario La Nación.

SER DE CLASE MEDIA EN URUGUAY

No es solo un signo de distinción: también es un sentido de pertenencia e identidad. Y en eso no cambiamos.

53%

de los hogares es de clase media, según lo que se desprende de un estudio del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve). Se puede dividir a los hogares de esa clase en tres estratos: inferior (26.000 pesos mensuales), medio (35.000 pesos) y superior (47.000 pesos).

17%

de la población uruguaya es de la clase media “alta”, de acuerdo a un estudio presentado el año pasado por el sociólogo Danilo Veiga. El período estudiado por el investigador va de 1998 -cuando la clase media alta era 10,2% de la población- a 2009.

35%

de los hogares uruguayos tiene al menos un automóvil, de acuerdo a los resultados del Censo 2011. El año pasado se vendieron más de 50.000 autos nuevos en el país. Un aumento de 17% en comparación con lo que se había registrado en 2010.

6%

del nivel socioeconómico “medio-medio” tiene empleada doméstica, de acuerdo al estudio de Cinve. Prácticamento todo (90%) de este segmento vive en una vivienda con un solo baño, otro indicador de clase importante, según el sociólogo Marcelo Boado.

64%

de los uruguayos considerados de clase media es usuario habitual de Internet. Entre los uruguayos de clase baja, ese guarismo es 30% y entre los de clase alta, 85%, según el estudio anual de la consultora Radar sobre usos y costumbres de usuarios uruguayos en la red.

El País Digital
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