El punto de partida de nuestra Patria Grande

Instrucciones del Año XIII, el más importante documento político de nuestra historia

En la historia del Río de la Plata hay un momento decisivo, un verdadero mojón que marca un antes y un después en materia de la organización política futura de las colonias europeas de esta región. De ese episodio, de sus consecuencias irreversibles se cumplen doscientos años en este mes de abril.  Por supuesto, y ante todo, es este una de las pruebas más relevantes de la visión del Jefe de los Orientales respecto de la organización que podían darse las naciones que, poco a poco, iban dibujando su perfil. No hay en toda la lucha independentista de Iberoamérica una personalidad más completa en lo que se refiere a la idea revolucionaria que la de nuestro héroe. Ni Bolívar, el de los inmensos sueños tantas veces alejado de la realidad, se le compara. La conducción política debe estar tan cerca de la realidad sobre la que pretende operar como alta en la concepción ideal del mañana. Una vez más, solo la síntesis entre lo que se puede y se quiere eleva a determinados hombres sobre la mediocridad o los aleja de ensoñaciones imposibles.

ARTIGAS, EL BAUTISTA DE LA REPÚBLICA   nos lleva del uso espontáneo del término Banda Oriental del Río de la Plata, hasta que aparece en 1812 la expresión Banda Oriental del Uruguay -el Éxodo   determinó el cambio- y se transforma en Provincia Oriental del Uruguay a los efectos del Congreso de Abril. Y finalmente, el nombre de República Oriental aparece en la firma de Artigas en Purificación de las patentes de corso y otros documentos.

ARTIGAS, EL BAUTISTA DE LA REPÚBLICA nos lleva del uso espontáneo del término Banda Oriental del Río de la Plata, hasta que aparece en 1812 la expresión Banda Oriental del Uruguay -el Éxodo determinó el cambio- y se transforma en Provincia Oriental del Uruguay a los efectos del Congreso de Abril. Y finalmente, el nombre de República Oriental aparece en la firma de Artigas en Purificación de las patentes de corso y otros documentos.

Artigas estaba formado en lo mejor del pensamiento político que estaba a su alcance en esos tiempos. Buen nivel educativo en los franciscanos, conocimiento del pensamiento político español a través de su contacto con Félix de Azara, sus lecturas de las obras de los Padres Fundadores de los EE.UU., cuyas traducciones circulaban clandestinamente por estas tierras, y por sobre todo, el conocimiento cabal de la realidad de las provincias, sus equilibrios de poder, sus debilidades, sus fortalezas. Por ello es que las propuestas plasmadas en las Instrucciones se amoldan a la perfección a lo que era posible en materia de organización de las provincias del antiguo Virreinato.

Las propuestas artiguistas son audaces y del mejor cuño libertario y republicano, adecuadas a la necesidad de equilibrar las autonomías con los poderes supra provinciales de la Confederación. Nunca hubo un proyecto a la vez más realista y avanzado. Pero solo una frase, escrita a partir de la franqueza, de la apreciación de la cruda realidad, es la que derrumba todo aquel proyecto: Que la capital de la Confederación debía estar afuera de Buenos Aires… Esta afirmación trae en su propio texto la condena de todo el resto.

Una lectura reciente del siempre recordado Arturo Ardao nos recuerda a Artigas como el bautista de la República Oriental del Uruguay. Y nos lleva de la mano desde el uso espontáneo del término Banda Oriental del Río de la Plata, hasta que aparece en 1812 la expresión Banda Oriental del Uruguay -el Éxodo sin duda alguna determinó el cambio a la referencia geográfica- y se transforma en Provincia Oriental del Uruguay a los efectos del Congreso de Abril. Y finalmente, el nombre de República Oriental aparece en la firma de Artigas en Purificación de las patentes de corso y otros documentos.

Buenos Aires como centro del poder político y económico fue pues el gran obstáculo para que la Patria Grande se hiciera realidad. Bastó una expresión en las Instrucciones para que el gobierno porteño arrojara a los orientales a las fauces siempre ávidas del Imperio portugués. Para que se alentara todo lo que pudiera exterminar a Artigas y al sueño compartido de todas las provincias. Hasta ese momento la historia pudo haber sido una, después, la que conocemos. De esa página triste nace la definitiva independencia de los orientales, del Uruguay como entidad siempre distinta y separada. Lo que pudo ser y no fue. Lo que somos y lo que seremos para siempre. ¡Independientes!

Texto: MARÍA JULIA POU
Edición: Prof. Slekis Riffel, La Academia, PToros
 

subido por Prof. Graciela Slekis Riffel y que puedes bajar a tu PC
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2 pensamientos en “El punto de partida de nuestra Patria Grande

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