¿Su chico es ansioso?

PADRES -o quién haga las funciones- COLABOREN CON CONDUCTAS DE APOYO

 

La ansiedad afecta tanto a los adultos como a los niños. En la infancia este tipo de desorden resulta de la interacción entre la biología y el ambiente. Los padres pueden ayudar a sus niños a superar los temores y a controlar su mente.

 

Buena parte de lo que temen los niños tiene orígenes más profundos en la imaginación que en la realidad. Los padres son llamados para apaciguar ansiedades con respecto a todo: desde ruidos raros hasta agua, desde arañas en el jardín hasta monstruos debajo de la cama. Y puede ser difícil reconfortar a niños sobrecogidos por temores irracionales.

 

Pero, cuando la ansiedad interfiere con la capacidad del menor para llevar una vida normal -ir a la escuela, dormir en casa de un amigo, cruzar la calle, aprender a nadar o andar en bicicleta- se transforma en un desorden que amerita tratamiento.

 

Según Golda S. Ginsburg, experta en ansiedad infantil en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, los trastornos de ansiedad menoscaban a uno de cada cinco niños en Estados Unidos.

 

“Si bien nos estamos desempeñando menos en la identificación de trastornos de ansiedad y tenemos mejores métodos para tratarlos, su diagnóstico y tratamiento aún son insuficientes”, destacó.

 

La raiz

 

Ginsburg explicó que los desórdenes de ansiedad en la infancia típicamente resultan de una interacción entre biología y ambiente. Aunque para algunos hay un firme componente hereditario.

 

Aun sin una influencia hereditaria, dijo Ginsburg, “algunos niños nacen con cierto temperamento que incrementa su riesgo de padecer un trastorno de ansiedad. Quizá sean de conducta inhibida; más tímidos y reticentes con respecto a acercarse a condiciones nuevas”.

 

Sin embargo, solo la mitad de esos niños terminan con un trastorno de ansiedad, agregó, en tanto algunos niños que no son inhibidos sí desarrollan estas condiciones.

 

Según la terapeuta, la conducta de los padres también tiene efecto, particularmente padres de familia que “modelan” la ansiedad, comunicando verbal o conductualmente que algo es peligroso. Habló de padres que son sobreprotectores o excesivamente controladores, quienes identifican constantemente peligros en el mundo del niño que no son amenazas reales.

 

A diferencia de personas con psicosis, quienes temen riesgos inexistentes, “quien siente ansiedad teme riesgos reales: enfermedades, ataques, humillación, fracaso”, escribió Daniel Smith, autor de Monkey Mind: A Memoir of Anxiety.

 

Smith describió la ansiedad crónica como la “reina del drama de la mente”. El peligro acecha a cada vuelta, sin consideración a cuan remota sea la probabilidad de que efectivamente ocurra algo malo.
Al igual que con adultos que padecen trastornos de ansiedad, el tratamiento más exitoso con validez científica para niños excesivamente ansiosos es la terapia cognitiva conductual, comúnmente llamada CBT, a veces combinada con un fármaco antidepresivo como la sertralina.

 

En efecto, la CBT reprograma el cerebro, usando palabras y conducta para reemplazar pensamientos y acciones irracionales o disfuncionales con otros racionales.

 

En un estudio de diversos centros entre 488 niños de entre siete y 17 años de edad que sufrían de ansiedad de separación, ansiedad generalizada o fobia social, tanto la terapia CBT como los comprimidos de sertralina, usados individualmente, redujeron considerablemente la severidad de la ansiedad, pero la combinación de ambos funcionó mejor.

 

 

 

Ofreciendo alivio

 

“PLAN MAESTRO” para ayudar a los menores a que controlen su ansiedad:

 

1) Sea empático con su hijo. Resista la tentación de decirle que no hay de qué preocuparse. Reconozca sus inquietudes.

 

2) Describa el problema como algo que viene del “cerebro que se preocupa”, que salta a conclusiones y no es confiable. Póngale nombre a la preocupación. Esto quita el enfoque del temor particularmente del menor y hace de la ansiedad en sí el problema.

 

3) Reconecte y resista. Pregúntele a su hijo qué es lo que realmente le preocupa y qué piensa que podría ocurrir. Luego, pregúntele si estos pensamientos tuvieron sentido. Ayúdele a encontrar una voz que le diga a la preocupación que no es ella quien manda.

 

4) Enseñe técnicas de relajación para moderar la alarma biológica de lucha o huida si el temor toma el control.

 

5) Ayude al menor a concentrarse en lo que quiere hacer y lo que haría si la preocupación no estuviera al mando.

 

6) Refuerce los esfuerzos de su hijo, elogiándolo por haber logrado pasar por una situación dura.

 

– Según Tamar E. Chansky, psicoterapeuta de niños y adultos con ansiedad y autora de la guía práctica Libere a su hijo de la ansiedad.

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