ALEJANDRO DOLINA, caballero de la noche

No es uruguayo pero lo queremos mucho

CANTÓ ‘LAS 40’

“Lo que hago en radio se prepara en diez minutos y cincuenta años”

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La espera, a la entrada del Auditorio del Plata en el barrio bonaerense de Palermo, se extiende pesadamente. Hay que prestar amable atención a la cháchara del guardia del edificio, un hombre de metro noventa y más de cien quilos que primero gruñe y luego -cuando invocamos nuestro carácter de periodistas y se tranquiliza- pretende el título del más gracioso del mundo en quince minutos.

La cita es 23.30, apenas media hora antes del inicio de “La venganza será terrible”, pero hemos llegado un rato antes, por las dudas, y todavía no se puede entrar. La productora que contactamos para concretar la entrevista, y que nos dijo “sí, vengan 11.30, no hay problema ninguno”, brilla por su ausencia. Quien ocupa su lugar -que ni aparece en la puerta que el guardia no nos deja trasponer- manda decir que no tiene idea del encuentro pactado. Así que estamos a merced de que efectivamente Dolina esté enterado de nuestra visita -cosa de la que ya estoy dudando- y, en caso de que no lo esté, de su buena voluntad.

A las 23.40 para un auto y desciende de él su figura casi espectral: alto, traje negro, remera negra, y esa cabellera también muy negra y prolijamente descuidada, que protege una mirada que en este escenario, también oscuro, resulta inaccesible. No parece un hombre que bucea en el humor para subir a la superficie tesoros inauditos, más bien parece, podría ser, el Batman de Christopher Nolan.

Casi lo tacleo. Me interpongo en su camino y le explico el motivo de nuestra presencia. Como sospechaba, no estaba enterado. Mira al suelo, con un gesto de extrañeza, supongo. Unos segundos -casi nada en realidad, pero en este momento parecen días- y consuela: “Bueno, la hacemos sí, no hay problema, pasen”.

Ahí empieza el segundo drama, porque nos quedan unos quince minutos antes que comience la función. Pero si el cielo puede esperar, un programa de radio mucho más. Así que la charla viaja hasta destino aunque pasen unos cuantos minutos de las doce cuando ya me da un poco de calor la gente aquí esperando y -me supongo- también miles de oyentes, y apago el grabador.

El escenario es ahora el que en un rato servirá de plataforma a su contacto de cada noche con una platea de incondicionales, que siempre es la misma pero distinta. Es el mismo tablero allí, expectante, pero con fichas que van cambiando. Una platea que está aquí y ahora, o que lo recibe con la cabeza en la almohada, en el “colectivo”, la ronda nocturna o el simple desvelo.

Es Alejandro Dolina, el escritor de las “Crónicas del Ángel Gris” o “Bar del infierno”, el músico de “Lo que me costó el amor de Laura”, o el conductor de “La venganza”, su criatura más famosa. Un hombre que no nació en Tacuarembó pero que como él mismo recuerda, está muy ligado a este lado del río. Nos gusta tanto descubrir personajes destacados que reivindican nuestra matriz… sobre todo si son argentinos, y Dolina es las dos cosas.

1) Alguna vez contaste que en 1990 tuviste un desengaño amoroso que cambió tu vida artística. ¿Tan duro fue?
Sí, eso lo debo haber dicho hace mucho. Pero es cierto sí. Un desengaño amoroso que ahora me resulta difícil convocar, porque no es efectivo. Digamos que ya se me pasó.

2) No es que no lo recuerdes.
No, lo recuerdo perfectamente. Me causa casi asombro que haya tenido tanto efecto pero así fue.

3) ¿En qué te cambió ese hecho?
Los desengaños lo perturban a uno, porque el amor perturba. El amor hace que uno tome decisiones equivocadas. Me parece que ese desengaño amoroso fue malo para mi vida artística, que la perjudicó notablemente. Incluso por un momento pensé hacer cosas que no tenía que hacer artísticamente, hubo incluso como un bache muy grande. En el 91 no hice absolutamente nada y si hice algo debe haber sido muy malo realmente. Me arrepentí de “La venganza”, quise dejar de hacerlo, me pareció que ya no estaba bien.

4) Influenciado por ese episodio.
Sí. Tal vez estaba un poco arrepentido de lo que estaba haciendo artísticamente, como echándole la culpa a mi actividad de aquel fracaso.

“El amor perturba. Hace que uno tome decisiones equivocadas”

5) Y no la tenía.
Mi vida artística estaba muy bien, y aquel fracaso no tenía tanta importancia como yo creía. Como siempre suele ocurrir, por otra parte. Y me costó volver, recién hice algo en el año 92, casi como empezando de cero en una FM que tenía audiencia cero como era la FM de Radio Rivadavia. Empezamos ahí a remar desde abajo. Al año siguiente teníamos la FM Tango que era una emisora de mediana importancia y ya en el 93 empezamos en Radio Continental con mucho éxito y comenzando con las cosas que hoy seguimos haciendo.

6) Has pasado por muchas radios. ¿Es lo que vos has querido?
No tantas. Unas cuantas, pero si se tiene en cuenta que hace 28 años que estamos, no han sido tantas. No, no es lo que yo he querido. De todos modos, firmo contratos cortos para ponerme a cubierto de cualquier captura, digamos. Estuve en Radio El Mundo, en Rivadavia apenas un año, en esas dos FM que te acabo de decir, en Continental, en la 10… siete u ocho radios.

7) “Todo lo que hago lo hago para levantar minas”…
(Interrumpe) Eso dicen que lo dije también, pero hace mucho. Funciona así, lo que no sé es si la frase es mía. Seguro que no… seguro que no. No me acuerdo bien a quién se la prendí, pero de que no es mía estoy seguro.

8) Para levantar minas o para otra cosa por el estilo. ¿Crees que todo lo que hacemos lo hacemos por el reconocimiento de los demás?
Lo hacemos para que nos quieran. Eso ya no lo digo yo, lo dice Roland Barthes: cuando le preguntan “por qué escribe usted”, dice: “porque quiero que me quieran; cuando muestro algo estoy diciendo ‘quiéranme por favor'”. Yo estoy de acuerdo con eso, uno escribe para los demás. También para uno, pero si viviéramos enteramente solos no escribiríamos.

“Cuando escribía en Humor no me hacía la ilusión de que era un luchador escribiendo notas humorísticas”

9) A vos no te gusta escribir. Has dicho que “no está bueno escribir; está bueno haber escrito”.
Me cuesta mucho, no es un placer escribir. Después de haber escrito, uno dice “mirá, no está tan mal”. Pero yo pienso en los momentos en que estoy comprometido con algo, y especialmente en los momentos más arduos de la escritura, que no son los del final sino más bien los del principio. Y pasa el tiempo y vas por la primera hoja… es una gran angustia, una gran duda. Un arrepentimiento continuo, estoy en permanente estado de consulta, empiezo a dudar de todo. Eso no es bueno, pero cuando pasa el tiempo y uno ve que eso se convierte en una obra más o menos aceptable… no está mal haber empleado tanta angustia.

10) Te criaste, según has dicho, en un lugar “donde ser cobarde era la peor de las calamidades”. ¿No tenías más remedio que ser valiente?
No tenía más remedio. Quizás yo no lo era, pero no tenía más remedio que afrontar los riesgos, las situaciones, pelearse, por ejemplo. Y me producía y me produce una gran angustia la violencia, el enfrentamiento físico con alguien, pero no tenía más remedio que hacerlo. Y sufrí mucho eso. Parecía que no, porque finalmente era lo que pasaba todos los días, parecía una cosa normal. Tampoco era un barrio espantoso, pero era lo que eran los colegios de aquel entonces… y ahora son así también. Y en algunos casos peores.

11) Te has psicoanalizado varias veces. ¿Hay una continuidad u obedece a etapas y necesidades diferentes?
Sí, lo he hecho pero en períodos muy cortos. No han sido muy exitosos, digo yo. Mintiendo tal vez, porque de casualidad me han pasado cosas venturosas en períodos de análisis, pero vaya a saber si es por eso. Establecer una relación de causa efecto entre el análisis y un suceso venturoso de la vida de uno es algo que no es científico. Yo no creo mucho en el psicoanálisis, pero tampoco lo niego. No creer mucho significa que no creo a piejuntillas en todo lo que se me dice, no creo que sea tan simple.

12) Tu trabajo en la legendaria revista Humor, a fines los 70 ¿fue tu debut en los medios?
No, hubo otra revista anterior que fue Mengano y aún Satiricón, que fueron revistas de la misma familia digamos.

13) ¿Humor era un lugar de resistencia a la dictadura que había en Argentina en aquel momento?
No, para mí no, yo no tenía una idea tan optimista de mí mismo. Escribía notas que para mí eran notas cualesquiera. Ahora, que la revista era opositora y que era peligroso andar diciendo que uno pertenecía a esa revista, que no era muy bien vista, eso sí era evidente. Pero yo no me hacía la ilusión de que era un luchador escribiendo notas humorísticas. Quizás sí era peligroso, pero yo no lo sentía así. Sentía que podía llegar a tener algún problema, eso sí. Pero no lo tuve.

“El público uruguayo ejerce su propia exigencia, y además está orgulloso de ser exigente”

14) ¿Sos peronista?
Soy peronista, sí.

15) ¿De qué peronismo?
Y, del único que hay. Un peronismo que apoya las políticas de inclusión, las políticas con alta participación del Estado, con crecimiento del mercado interno y que en lo exterior están alineadas, digamos, con los países de la región. Ese más o menos ha sido históricamente el peronismo. Después, claro, tiene o ha tenido algunos callejones un poco más ásperos. Hay malformaciones como las hay en cualquier movimiento político tan amplio y con un número tan grande personas que lo integran, pero cuando uno habla de peronismo sabe a qué se está refiriendo.

16) ¿Sos kirchnerista?
Sí, también.

17) En un acto a dos años de su muerte, definiste a Néstor Kirchner como “un venturoso promotor del desacuerdo”. Desde la visión uruguaya de la política eso puede parecer más una descalificación que un elogio.
Tal vez porque no se les ocurrió pensar que el mundo está gobernado por personas que no son muy amistosas con países como los nuestros. Entonces el desacuerdo es la única reacción política posible. La política, a mi juicio, en países como los nuestros, es evidentemente desacuerdo. Una política de acuerdo es una política funcional a los intereses que mueven el mundo… Promover el desacuerdo quiere decir que no estamos de acuerdo con el poder real del mundo, que no son los gobiernos nacionales, son las corporaciones. Para el que cree eso, hacer política es hacer desacuerdo con la aldea global, con el neoliberalismo, con el ultracapitalismo. A eso me refiero. Lo otro, estar todos de acuerdo, marchar todos juntos… yo no estoy tan seguro que eso sea lo mejor para nosotros. Estar de acuerdo pero entre nosotros, no con quienes nos producen situaciones de explotación, de abuso, de presión.

18) ¿Los acuerdos dificultan un proceso de desarrollo nacional en nuestros países?
Lo destruyen, los acuerdos con Estados Unidos, por ejemplo, lo destruyen.

19) Me refiero a la interna de una nación. ¿Buscar un acuerdo en Argentina entre todas las fuerzas políticas internas, significaría resignar la posibilidad de cambiar algunas cosas?
No, yo no estoy negando la posibilidad de un acuerdo, desde luego. Pero en general, en Argentina, quienes postulan la necesidad de acordar son las personas funcionales al poder real. Los principales acuerdos aquí se producen entre los políticos de derecha. Los demás ya están de acuerdo. Es posible hacer acuerdos pero entre las fuerzas de izquierda, es imposible hacerlos con quienes están absolutamente en contra de los cambios. Tampoco creo que haya que establecer una relación tan áspera como es ahora, eso me parece un error por parte de la oposición y del gobierno, ese componente odioso que existe. Una cosa es el desacuerdo y otra es el encono, el odio, el insulto como metodología del discurso político. Eso es horroroso, una porquería.

“Si para halagar a un muchacho de 25 años tuviera que hacer un programa que no me gustara a mí, sería el más infeliz de los hombres”

20) ¿Es una característica argentina esa de llevar el desacuerdo a límites de confrontación casi sin retorno?

Yo insisto en que el desacuerdo no es lo malo, lo malo es el odio. El desacuerdo es inevitable. El odio sí, es una característica hoy de la Argentina.

21) ¿Puede hacerle algún bien a la Argentina que el Papa sea de este país?
No creo que mucho. El bien que puede hacerle es llamar a una reflexión de hermandad, como efectivamente lo está haciendo, y puede ser que engrose nuestro sentimiento patriótico regional, digamos. Vernos todos un poco más cercanos a nuestros compatriotas de Latinoamérica.

22) En Uruguay, un país más laico que la mayoría de los latinoamericanos, la asunción de un Papa de este lugar del mundo se vivió con simpatía, en general.
Sí, como una buena noticia. Uruguay es ciertamente un país más laico, yo me siento más a gusto allí en ese sentido.

23) ¿Cómo es el público uruguayo de Dolina, en relación al argentino?
No puedo decirlo categóricamente, porque el público argentino es un público de todos los días y el uruguayo lo es de grandes ocasiones. Entonces aquí soy el que está siempre y en Uruguay estoy de visita, y cuando uno está de visita te reciben mejor, con más predisposición. Pero me parece que el público uruguayo ejerce su propia exigencia, y además está orgulloso de ser exigente.

24) Además los argentinos nos lo dicen todo el tiempo y eso nos cae bárbaro.
Sí, y me parece que eso es central. Es un público que está exigiendo complejidad continuamente. Cuando yo digo que de algo me cuido, es de no condescender a ciertas tentaciones que uno tiene, de decir: “vamos a hacer un chiste con esto”. Por ahí en Montevideo nos cuidamos un poco más.

25) ¿Qué edad tenés?
Yo ahora tengo muchos, demasiados.

26) Y tenés un público básicamente joven.
Mi público es joven sí. Parece que fuera siempre el mismo pero no es, se va yendo y van entrando por otra puerta.

“Yo he sido bien tratado, e injustamente bien tratado quizás por grandes argentinos que me han querido, me han tenido alguna simpatía”

27) ¿Cuál es tu explicación para que un tipo mayor convoque juventud todas las noches?

Sí, es raro eso… es raro. Debe tener alguna explicación, yo no la sé. Puedo desear que la explicación sea una vecindad temática o relacionada con la velocidad, o con cierta complejidad del humor, pero podría ser que no. Podría ser mucho más banal que todo eso que acabo de decir.

28) Cuando creás, ¿estás pendiente de eso, de mantener esa fidelidad?
No, la verdad que no. La verdad es que yo estoy pendiente de mí. Por más que uno escribe para los demás, como dijimos al principio y hace programas de radio para los demás, cuando elige los medios con los que lo está haciendo, cuando elige las palabras, las elige para uno. Yo escribo para los demás pero los contenidos artísticos me tienen que gustar a mí. Si para halagar a un muchacho de 25 años tuviera que hacer un programa que no me gustara a mí, sería el más infeliz de los hombres.

29) ¿En qué momento te sentás a pensar lo que hacés todas las noches?
No, lo que hago todas las noches un poco ya está creado, es un fluir. Es un buscar temas, situaciones, y después es una improvisación que hacemos acá. Quiere decir que se prepara en diez minutos y cincuenta años (se ríe). En cambio sí trabajo mucho en todo lo otro: cuando hago música, cuando escribo, ahí sí, porque me cuesta mucho. Al principio tacho y tacho y tacho, y no estoy nunca demasiado conforme. En la radio es más bien un fluir. Me dijo una vez Graciela Borges, que escucha el programa y de quien yo nunca hubiera esperado una revelación: “Yo voy a ver tu programa y no importa mucho lo que vos digas, lo que importa es cómo fluye. La gente va a mirar, a ver cómo se produce un conflicto, un problema, un atascamiento y cómo ustedes salen de eso”. Y yo estoy de acuerdo con eso.

30) ¿Te han pasado muchas cosas curiosas haciendo el programa en vivo?
Muchísimas, son muchos años, pero ninguna para contarla. A mí me aconsejaron una vez que nunca contara anécdotas porque el traslado de los hechos al relato las menoscaba muchísimo. Si yo dijera ahora: “Un día tomé tres carabelas, marché rumbo al oeste y descubrí un nuevo continente”, dirían: mirá este estúpido lo que cuenta (se ríe).

31) ¿Cómo fue realizar una opereta con gente como Mercedes Sosa o Joan Manuel Serrat?
Maravilloso. Yo los conocía a la mayoría de ellos y cuanto más grande el nombre más grande la generosidad. Estoy por ejemplo agradecidísimo a Mercedes, que tuvo una participación generosa, llena de afecto e intensidad. No fue: vengo, te grabo y me voy. No, Mercedes lo quiso hacer de nuevo porque le pareció que lo podía hacer mejor. Y venía a mi casa a ensayar… no es frecuente eso, fue de una grandeza que no terminaré de agradecer y fue, artísticamente, la cosa más importante que a mí me ha sucedido.

32) ¿Los Martín Fierro son importantes?
No, no tienen ninguna importancia. Están al alcance de cualquiera, son una alegría momentánea, yo voy, los recibo, agradezco, pero me doy cuenta que los que gané fue porque me tocó esa suerte. No están relacionados con ningún mérito que yo sepa reconocer ni los que perdí están relacionados con ninguna torpeza que yo sepa reconocer. Es algo que sucede, con reglas que no conozco ni sigo y, si me permitís decirlo, me parece que están al alcance de cualquiera. Es muy raro que un artista que tenga una trayectoria prolongada en la Argentina no haya ganado algún Martín Fierro. Si se lo dan a un tipo como yo no debe ser tan difícil.

33) Te lo dieron unas cuantas veces. ¿Siete fueron?
No sé, no llevo el registro. A otros se lo han dado más veces. Hay casos de tipos que no son muy meritorios que lo han ganado, ¿por qué no pensar que a lo mejor yo soy también uno de esos tipos? No me significa ninguna demostración de nada.

34) ¿Qué cosas te significan una demostración de algo?
Algunos reconocimientos de personas. Yo soy ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires, soy visitante ilustre de la Ciudad de Montevideo, eso puede ser.

“Yo tengo mucho de argentinidad en beligerancia, no soy muy parecido al argentino que suele ir a Uruguay”

35) Pero podría decirte que esos reconocimientos también los han recibido personas que estoy seguro no las tenés como ejemplo.

Bueno, entonces, si querés, eso tampoco. Hay una plaza de Buenos Aires que se llama “Plaza del Ángel Gris” por iniciativa de los vecinos. Eso no está mal. Tengo algunas otras también, si esa no diera la talla. Si esa dio la talla dejo esa (se ríe). Yo he sido bien tratado, e injustamente bien tratado quizás, por grandes argentinos que me han querido, me han tenido alguna simpatía. Eso es mucho mejor que el Martín Fierro.

36) Víctor Hugo Morales dice que los uruguayos son una pasión no correspondida de los argentinos. ¿Sentís que es así?
Es probable sí. En algún caso sí. Yo he sido tratado extraordinariamente bien por el público uruguayo, pero creo que no todos los argentinos tienen esa suerte. Los argentinos en general no. Por ahí si sacás de a uno encontrás, o si sacás un tipo como yo que tiene mucho también de argentinidad en beligerancia, no soy muy parecido al argentino que suele ir a Uruguay, y además soy bastante oriental por razones familiares, históricas. Pero el biotipo argentino no le simpatiza mucho a los orientales, y a mí tampoco. Me refiero a cierto personaje argentino, que a lo mejor ni siquiera es cierto pero que de algún modo existe. Los tipos que viajan en Buquebús y que van a Punta del Este, y que hablan fuerte y alardean, y que están continuamente estableciendo una norma de superioridad, que se niegan a asombrarse de lo que ven, esos tipos son antipáticos en todas partes.

37) De todas maneras, algunos uruguayos tenemos la impresión de que nosotros tenemos hacia ustedes algo así como los complejos del hermano menor.
Sí… yo particularmente no he notado eso tanto, pero hay quienes sí. Pero quizás lo notan a partir de su propio conflicto. Yo no llego al Uruguay a decir “ustedes no tienen esto y nosotros sí”… eso me parece propio de imbéciles, más que una característica argentina.

38) ¿Cuándo eras más joven temías envejecer?
Y sigo temiendo envejecer. Siempre hay lugar para un poco más.

39) ¿Y a la muerte le temés?
También, sí, cada vez más miedo.

40) ¿Pensás en la muerte?
Sí, sí. Pienso artísticamente incluso. Ha sido de los temas más habituales cuando escribo. (Se detiene y piensa un instante) Estoy contestando con cierta parsimonia, digamos, porque estoy perjudicado de salud, no es porque la tristeza me haya venido a ganar eh.

Montevideo Portal / Gerardo Tagliaferro
Fotos: Leandro Tagliaferro
Por comentarios: tagliaferro@montevideo.com.uy

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