Síndrome del Diógenes charrúa

ESTUDIO RECIENTE titulado “Síndrome de Diógenes: Impactos en el sujeto, la comunidad y los abordajes estatales”, por el psicólogo Nicolás Bottinelli.
Se constataron 44 casos en Montevideo de personas que padecen el llamado síndrome de Diógenes, que consiste en la acumulación de residuos en los hogares. De esos casos, unos 24 fueron intervenidos por las autoridades sanitarias departamentales y nacionales, lo que terminó con 19 internaciones en el Hospital Vilardebó y una derivación a una institución privada.

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El psicólogo Nicolás Bottinelli, a cargo del estudio, sostuvo que la enfermedad es un “fenómeno psicosocial complejo con impacto a distintos niveles”, que se caracteriza por la acumulación problemática de residuos orgánicos e inorgánicos, animales, el autoabandono de la persona y el aislamiento social progresivo.

Según el especialista, las dos terceras partes de los enfermos tiene más de 60 años, mientras que el resto oscila entre los 40 y los 60 años de edad.
Asimismo, informó que desde la detección del caso hasta la actuación de las autoridades puede haber seis o siete años.
En tanto, el defensor del vecino de Montevideo, Fernando Rodríguez, sostuvo que los equipos de salud deberían acompañar más los procesos de recuperación de los pacientes con la enfermedad.
A su entender, no hay seguimiento de los pacientes y ello implica que las personas reincidan en la acumulación de basura.
Asimismo, dijo que la intervención hospitalaria debe ser “la menor posible y como último recurso”.
“Se necesitan dispositivos terapéuticos y de orden de la vida cotidiana que se aproximen al hogar”, afirmó.

¿Qué es el síndrome de Diógenes?
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El síndrome de Diógenes es un trastorno obsesivo derivado de un desorden psiquiátrico que se caracteriza, primordialmente por la acumulación compulsiva de basura y objetos de cualquier tipo. Este padecimiento afecta principalmente a personas de edad avanzada y que viven solas sin importar su condición social, quienes pierden la capacidad de tomar decisiones y diferenciar entre un objeto y otro, ya que no los consideran como desechos, sino como cosas que pueden servir o ser usadas nuevamente en el futuro saturando así su espacio con cosas inservibles.

Entre otros síntomas se encuentran el abandono del hogar y la higiene personal, la reclusión en el hogar por lo que rara vez sale a la calle y cuando llega a hacerlo es porque realmente tiene necesidad, así mismo este se acompaña de un asilamiento social y gusto excesivo por estar solo, además de rechazar ayuda externa.  

Causas del síndrome de Diógenes
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Las causas que pueden generar el síndrome de Diógenes dependen en gran medida de factores que se derivan del ritmo de vida de las personas, lo cual quiere decir que influye el estar pasando una crisis económica, el rechazo de la familia o la muerte de un pariente cercano, puede originarse a raíz de otros trastornos mentales debido a las patologías que producen los mismos o bien puede ser hereditario.
Aunque los primeros síntomas suelen aparecer entre los 20 a los 30 años de edad, esta enfermedad puede empezar a cualquier edad y en cualquier momento.

LOS “ACUMULADORES” se enfrentan con la posibilidad real de quedar enterrados bajo una avalancha de basura.
El tratamiento de es difícil porque las personas que padecen la acumulación compulsiva no consideran un problema la situación en la viven. No les importa el desorden, una pérdida les provoca angustia.
Por qué las personas ahorran hasta el punto en que se vuelven desadaptados es el tipo de pregunta que puede ser aplicada a todos los trastornos psiquiátricos porque todos son exageraciones de los rasgos adaptativos.

Veamos en el siguiente artículo, el lado que aún no llega a lo patológico, para comprender el origen del trastorno mencionado.

Nunca como ahora hemos acumulado tantos objetos en nuestras casas o en nuestras vidas. Estamos en un tope histórico.
En los estudios aparecen personas que de golpe encuentran en su placar una prenda de ropa que no recordaban haber comprado, o familias que estoquean productos de perfumería, alimentación, regalos. Esto está claramente vinculado con el impulso que produce la oferta: el precio que mejora comprando “ahora”, la segunda unidad que vale “casi nada”, etc.
El fenómeno es importante porque va más allá de nuestra sociedad y más allá de los objetos. En otras sociedades la idea de acumular para no perder oportunidades se refleja incluso en la epidemia de obesidad.  El concepto sería: ¿cómo no aceptar una porción más grande por el mismo precio?

Tampoco podríamos decir que solamente tiene que ver con los sectores de mayor poder adquisitivo. Por el contrario, el aprovechamiento de la oferta se produce mucho en segmentos medios, y apunta por ejemplo a comprar regalos para situaciones futuras, artículos de uso familiar o prendas de ropa por si acaso.

¿Qué sentimientos sostienen la acumulación? Para algunos, esto tiene que ver con una fantasía de abundancia (consumir por disfrute) pero también tiene que ver con la seguridad, como el almacenamiento para tiempos futuros que pueden ser complicados. Históricamente la sociedad uruguaya fue muy proclive a comprar “seguridad”, y sólo recientemente se está inclinando a comprar ” lujo” o “moda”.

Pero las emociones que produce la acumulación no son todas positivas. Por momentos nos hace sentir “oprimidos” en espacios que van quedando pequeños, en hogares que no tienen tantos metros. También en nuestro país han comenzado a venderse las bolsas que permiten aspirar y producir un vacío que permite guardar en espacios menores.

Por eso, al mismo tiempo que acumulamos se van produciendo sentimientos de saturación, y un anhelo de estar más libres y menos abrumados por la oferta y por la sensación de que debemos aprovecharla. El fenómeno del sobrepeso empieza a sentirse en nuestros hogares, aunque no sea en nuestros cuerpos.  Y está comprobado que es más fácil incorporar objetos que deshacerse de ellos: guardar es la reacción por inercia o por apego, en tanto desprenderse de los objetos que nos han acompañado siempre entraña cierta dificultad.

El minimalismo aparece en la otra mano como un anhelo de mayor simplicidad, de espacios más aireados, de más libertad frente a los objetos y de menor dependencia (o mayor rebeldía) ante el imperativo de la oferta, del “no te lo podés perder”. Nos preguntamos si será necesario atarnos tanto a los objetos. Comenzamos a descartar. Y esta dualidad, estos sentimientos encontrados deben ser observados con atención por las empresas con el fin de definir el cuándo y el cómo de las ofertas.

 

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