En muchos uruguayos late un corazón timbero

LUDOPATÍA

El negocio del juego es más viejo que yo, desde la clandestinidad hasta que se oficializó.

El cigarrillo hace mal. Se prohíbe. El alcohol hace mal. Se prohíbe. La ludopatía es una enfermedad grave. Entonces. ¿Por qué no se prohíbe? Mientras tanto miles de uruguayos luchan por salir de esta enfermedad que los hace mentir,  esconderse, inclusive robar. Sepa cómo piensa una persona que esta enferma por ganarle a la banca. Pero antes de leer este informe, ¿ya jugó el 5 de oro para el domingo?

Pero a pesar de que en muchos uruguayos parece latir un corazón timbero, son pocos los académicos que estudian el fenómeno de manera sistemática. En una ronda de consultas a distintas instituciones, el retorno fue tan magro como el que por lo general otorga la banca.

En la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, por ejemplo, recuerdan un único estudio sobre el tema, pero de 1994. En el Instituto Nacional de Estadística, en tanto, una consulta de este suplemento derivó en una ida y vuelta entre distintas secciones del organismo, que no se ponían de acuerdo qué responder sobre el gasto que los hogares destinan, en promedio, a los juegos de azar. Al cierre de esta edición no se habían puesto de acuerdo y no se brindó la información.

Entre las encuestadoras privadas, en tanto, el trabajo más reciente sobre el tema es de hace nueve años y fue llevado a cabo por Interconsult.

En esa encuesta se constataba, entre otros hechos, que más de la tercera parte de los uruguayos dedican parte de su dinero a suerte, que en el interior se juega un poco más que en Montevideo, que los mayores apuestan más que los jóvenes y que el juego más popular es el 5 de Oro, seguido por la Quiniela, la Tómbola, y la ruleta. “Son datos que, obviamente, necesitarían actualizarse”, dice Juan Carlos Doyenart, director de la encuestadora. “El mercado ha cambiado bastante en los últimos años, entre otras cosas porque ahora hay una oferta más amplia”.

Más allá de que el ingreso de Hípica Rioplatense a la actividad significó un importante avance del sector privado, el Estado sigue siendo el jugador más importante en este mercado. Nominalmente, el Estado detenta el monopolio del juego en Uruguay. A través de la Dirección General de Casinos, el Estado gestiona 35 casinos y salas de juego en todo el país. También participa en la gestión, junto a privados, de los casinos de los hoteles Radisson y Mantra, y el Casino Nogaró en Punta del Este. En el caso de las cuatro salas de Maroñas Entertainment, el Estado se queda con el 60% de lo recaudado en las máquinas tragamonedas, o slots, Fuera de la gestión estatal, solo se encuentra el Hotel Conrad y su fastuoso local, que no cierra nunca y cuya gestión y explotación es íntegramente privada. El planificado casino que en el futuro formará parte del remodelado Hotel Carrasco será, como el del Conrad, también explotado por intereses privados.

Para el psiquiatra Fredy Da Silva, docente de la Universidad Católica y especialista en tratar adicciones, como la apuesta compulsiva, desde hace 30 años, la razón para la tolerancia con el juego y las apuestas es, principalmente, ignorancia política. “No lo digo de forma peyorativa. Me refiero a que muchos políticos ignoran las causas y consecuencias de la adicción al juego. En parte, esto se debe a que la adicción al juego es un trastorno que, socialmente, es silencioso, o invisible. Uno puede ver los efectos de la pasta base en una persona. Como también puede ver las consecuencias de un consumo de alcohol demasiado elevado. Pero con el juego no ocurre lo mismo, es mucho más difícil detectar una patología o un trastorno en ese caso”.

Los slots parecen hechos para provocar esa adicción de la que habla el experto. Casi previsiblemente, el de los tragamonedas es uno de los rubros que más ha crecido en el juego por dinero. La máquina, como dice el psiquiatra, ofrece la posibilidad casi inmediata de una supuesta gratificación. El tiempo que transcurre entre el depósito de la ficha y el resultado en la pantalla es menor al que se tiene que esperar, por ejemplo, cuando un caballo corre contra otros. O al que hay que aguardar mientras el resto de los jugadores en una mesa de ruleta decide en qué parte del paño poner las fichas.

Otro punto en el que hacen énfasis es el que reclama el debate público sobre las consecuencias sociales del juego y las apuestas.“Cuando salió el decreto que prohibía fumar en espacios cerrados, pensé que la medida iba a quitarle clientes a los casinos. Me imaginé que la gente no se iba a aguantar tantas horas en frente a un paño o a una maquinita e iba a salir a fumar un pucho. Pero no. Según mi experiencia (Pitetta trabaja en el casino Parque Hotel), el poder del juego ha demostrado ser más fuerte que el de la nicotina”.

En esto coincide Da Silva, que cuenta de casos en los que los jugadores en frente a un slot llega a orinarse encima por seguir jugando. “Como un niño que, por no dejar de jugar a algo que lo apasiona, se orina. El adicto entra en un estado mental similar”.

Escrito por Jorge Bonica

Fuente: La Voz de Salto

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