Washington Benavides: no abandones tus sueños

NO TRAICIONES TU DESTINO

Pienso en los compatriotas, desde el más humilde rincón de nuestra tierra a los capitalinos, que no encontraron la mano amiga para asesorarlos en sus ideales, artísticos o científicos.
En su rincón, sentían que una vocación pugnaba por hacerse a la luz. Escribían y desechaban páginas que solamente el autor leía y analizaba.

¿A quién recurrir? Sentía un ímpetu formidable leyendo manuales sobre mineralogía; se pasaba de noche en noche leyendo sobre física, sobre las combinaciones químicas, sobre el vuelo, ¿a quién preguntar sobre enigmas que le cerraban el paso de sus lecturas?

Laburaba de portero en un cine, o era un caferata más en el bar de Guillama. Hasta que los pájaros de sus deseos se fueron con las golondrinas. Y entró a formar de esa legión callada de compatriotas que no lograron plasmar sus sueños.

Por eso, muchacho, muchacha te digo, arrímate a aquel medio o persona que te parece puede asesorarte. ¡No abandones tus sueños, no traiciones tu destino por dejadez o desidia: mete para adelante!

  • De Washington Benavides

Guitarrero viejo

Guitarrero viejo, astroso y borracho,
musiquero alterno de almacén y bar,
dónde tu instrumento, cantador y macho,
ha ido a parar.

Sabías aquellas milongas de antaño
de música ingenua y verso trivial
o algún tango triste, de los que hacen daño
al zurdo cordial.

La vieja guitarra, de estropeadas cuerdas,
con cintas que el tiempo cambió de color,
cantaba a la heroica Paysandú, a la guerra
o a un amor-dolor.

He visto en las sombras el vaso de vino
crisparte la mano, no tu diapasón;
escupir la tierra como a tu destino,
como a tu canción.

Y con una pobre mina veterana,
salir dando tumbos, náufragos los dos,
hacia la burlona paz de la mañana,
sin pan y sin dios.

              (1965, publicado por primera vez en Tanta vida en cuatro versos, 2013)

Washington Benavides nació en Tacuarembó, Uruguay, el 3 de marzo de 1930. Es poeta, crítico, narrador y docente. Es Profesor de Literatura en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, UdelaR. Tiene intensa una actividad en talleres de poesía. Es Académico de Honor de la Academia Nacional de Letras, y entre los numerosos premios que ha recibido destaca el Gran Premio Nacional a la Labor Intelectual, otorgado en 2012 por el Ministerio de Educación y Cultura.

En su extensa obra édita destacan los poemarios Tata Vizcacha (1955), Las Milongas (1965), Poemas de la ciega (1968),Hokusai (1975), El molino y el agua (1991), La luna negra y el profesor (1994), Amarili y otros poemas (Pedro Agudo, heterónimo, 2007), Asuntos del falsificador (John Filiberto, heterónimo, 2012).

Numerosos músicos han grabado textos y/o canciones de su autoría, entre los que cabe destacar a Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa, Eduardo Darnauchans, Numa Moraes, Los Olimareños, Los Zucará, Washington y Cristina Fernández, Jorge Galemire, Cristina Canoura, Eduardo Larbanois y Mario Carrero, y Los Buitres.

También publicó los libros de cuentos Moscas de provincia (1995),Amorsecos (2003), Cuentos Uruguayos (selección de Fernando Aínsa, Madrid, 2007), y la novela Biografía de Caín (2001).

Ha tenido también una extensa labor como traductor.

“Guitarrero Viejo”, el poema que aquí se reproduce, fue publicado por primera vez en Tanta vida en cuatro versos. Un cancionero con selección y prólogo Diego Techeira (Solazul ediciones, Montevideo, 2013). Benavides lo escribió en el año 1965 en una hoja que le pasó a Carlos Benavídez. Éste lo musicalizó (vals) y luego lo interpretó Alfredo Zitarrosa en Zitarrosa 74 (sello Clave).

WASHINGTON BENAVIDES
Elogio de la poesía

Benavides deposita flores en el sitio donde se quemó el Tata Vizcacha en 1955 Es el poeta uruguayo vivo más importante. Autor de una treintena de libros, más de un millar de sus canciones fueron interpretadas por músicos nacionales -solo Zitarrosa canta veintitrés de sus composiciones- y extranjeros. A sus 83 años, repasa su vida y sigue dando cátedra como en su Tacuarembó natal. – En el apartamento de Benavides se apilan libros, casetes y vinilos. Muchos vinilos. Por momentos parece que la música y la literatura se hubieran, con una paciencia de décadas, adueñado de todos los rincones de su hogar. Hay también una repisa llena de VHS dándole la espalda, en este caso el lomo, a la perfección digitalizada. Y recuerdos diseminados en imágenes en los estantes de la biblioteca. Fotografías familiares – con Nené, su compañera de toda la vida, con su hijo Pablo-; una de Marilyn Monroe, y otra de Darnauchans y de Zitarrosa. Sobre la pared cuelgan las ilustraciones originales de algunos de sus libros -La luna negra y el profesor, Hokusai, Los restos del mamut- creadas por Pablo. Hay un cuadro más grande, al centro, que concita la atención al primer golpe de vista. Es la cara del Darno con una corona de espinas. “Es el Darno Cristo. También lo hizo Pablo”, dice el Bocha.

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