¿Para qué sirve la filosofía?

Infancia5_300x300Darío Sztajnszrajber aborda temas filosóficos desde la vida cotidiana en el libro “¿Para qué sirve la filosofía?”

Un diálogo con Darío Sztajnszrajber podría ser una tarea ciclópea: no habría últimas preguntas, ni primeras, o nos repreguntaríamos hasta el infinito cada derivación posible de las cosas, de las palabras y de sus significados. ¿Qué son las cosas? ¿Qué son las palabras? ¿Cuáles son las primeras y las últimas preguntas? O, más difícil aún de resolver, con respecto a qué.

El filósofo del apellido indeletreable pero de pronunciación sencilla (Stainraiber) dice que cuestionarlo todo es una opción de resistencia, pero su gran virtud es hacerlo desde el fenómeno de lo cotidiano, desde una poesía del rock o de un programa televisivo.

De eso se trata ¿Para qué sirve la filosofía? (Planeta), el libro con el que sale de gira y que gira y gira en torno a problemas universales, preguntas existenciales, desde lo insignificante: comer una papa frita, ser testigo de un asalto, subirse a un colectivo. Probablemente Darío discutiría el significado de insignificante, y probablemente llegaría a la conclusión de que lo insignificante no existe. Y que tal vez existir también sea discutible.

Del mismo modo que lo hace en televisión (ver opinión sobre Mentira la verdad), Sztajnszrajber propone un atractivo relato en su libro, estructurado como una suerte de película de acciones (no de acción) en la que el protagonista recorre la noche suburbana, con sus personajes y situaciones reconocibles, para cuestionarse todo. ¿Todo? Y cada respuesta se transforma en infinitas preguntas imposibles de resolver en un libro, en un programa, en un espectáculo teatral (trae Desencajados a la UNC, el 30). Mucho menos en una entrevista.

“Cuestionarlo todo es una opción de resistencia frente a los conceptos que se imponen como definitivos”, dice Sztajnszrajber antes de venir a Córdoba por segunda vez en el mes, ahora a la feria del libro de Alta Gracia. En la primera página de ¿Para qué sirve la filosofía? hay 37 preguntas y ninguna respuesta. ¿El panorama es pesimista?

“El pesimismo no es pesimista –dice–. El pesimismo es emancipador, liberador. Obviamente, se trata de despegarse de la concepción de pesimismo que circula en general. Preguntar no es sólo un ejercicio lúdico sino una forma de dar pelea a la forma más eficaz con la que se manejan los poderes: normalizando su interés de parte como si fuera algo natural y por ello inmodificable. Preguntar es abrir”.

El filósofo dice que el pesimismo no es suponer que todo está mal sino apostar por lo abierto. “Si al final de todo, aún podemos seguir preguntando, entonces nadie tiene una respuesta definitiva. La conversación se torna infinita. Eso es el pesimismo para mí: una apuesta contra aquellos que se creen portadores de verdades absolutas”.

Finitos e infinitos

Es inevitable la tentación de pensar que lo que responde es cierto, pero la certeza misma está en juego, especialmente cuando se pone en palabras, con posibilidades abismales de interpretación.

–Si hubiera que armar alguna fórmula del tipo: por cada respuesta que encontremos aparecen X preguntas, ¿el número sería infinito?

–Seguramente. Pero nuestro acceso siempre es finito, ya que ningún ser humano podría concebir las infinitas posibilidades. Lo que sí es seguro, entiendo yo, es que cada nueva certeza habilita toda una serie nueva de repreguntas posibles y por ello para la filosofía es más importante poner el acento en esas nuevas preguntas que pudieran surgir y no tanto en las respuestas. Tal vez este sea un buen punto para diferenciar a la filosofía de las ciencias: las ciencias buscan respuestas, la filosofía problematiza. Genera preguntas. No resuelve problemas, los crea.

–¿Hay un límite para pensarnos? ¿Se puede comer una galletita sin pensar qué comemos cuando comemos una galletita?

–Obvio que se puede. Es lo que hacemos cotidianamente. En la cotidianeidad no nos preguntamos por el por qué de la galletita, pero lo que la filosofía sostiene es que, sin embargo, tenemos la potencialidad de partir de cualquier objeto cotidiano para generar desde él múltiples preguntas existenciales. La cotidianeidad posee ese doble valor: por un lado obtura con su lógica la pregunta existencial, la anula; pero por el otro, sirve de disparador para esa búsqueda. No hay un límite. Es más. Creo que no debería haberlo. El temor a que una disgregación sobre una galletita nos enloquezca es más propio de un discurso cotidiano que busca construir la idea de la filosofía como un acto improductivo. Pero la libertad se juega más en poder comer una galletita sabiendo que detrás de ese acto hay mucho en juego que solemos olvidar: desde la condición finita de la existencia hasta la extracción de plusvalía del trabajo de los que elaboraron la galletita. Hay formas de comer y comer…

Nada puede comprobarse con un cien por ciento de verdad. Si partimos de ese dato, nada entonces es efectivamente verdadero y por ello todo es una mentira.

“Preguntar es una manera de pensar. Y por eso pensar no sólo es derivar conclusiones, sino muchas veces consiste en todo lo contrario; partir de las conclusiones aceptadas en una comunidad y darlas vuelta”. Sztajnszrajber se pregunta, desde una estación de trenes, por el origen de las cosas; de la filosofía también. Y le da vueltas a Tales de Mileto, a quien se considera el primer filósofo (siglo VI a. C.), “no por lo que propone sino por lo que 2 se pregunta”. Hasta Tales de Mileto, se dice, todas las respuestas se respondían con relatos que no aspiraban a una explicación racional de lo real, a mitos. ¿Y si Tales fuera un mito creado por alguien más? ¿Si todo fuera una mentira? “Todo es una mentira, así dicho”, responde categóricamente Sztajnszrajber.

“Nada puede comprobarse con un cien por ciento de verdad. Si partimos de ese dato, nada entonces es efectivamente verdadero y por ello todo es una mentira. Tal vez por eso, sea mucho más interesante salirse de este pensamiento binario y apostar por un pensamiento de los intersticios. La verdad y la mentira son dos polos ideales e irreales que marcan un tránsito permanente”, argumenta.

Para Sztajnszrajber, Tales “puede ser un mito” y dice que cada vez se duda más acerca de lo que se conoce de sus ideas. “La totalidad de lo que sabemos de Tales, lo sabemos por otros que recuperan sus obras, siglos después. Pero lo que importa es cómo resignificamos ideas que vienen constituyéndonos y qué nuevos sentidos les damos. El puente que une las palabras con las cosas está roto. La cuestión del sentido poco tiene que ver con la verdad en términos absolutos. Lo que importa es ese juego (lucha) de interpretaciones que terminan definiendo en diferentes épocas el sentido de lo real”.

Cuestión de fondo

–¿Se llega al fondo de las cosas?

–Siempre y cuando aceptemos que en el fondo sólo hay lo desfondado. Me peleo tanto con las concepciones que sostienen que no se puede llegar al fondo de las cosas o que no hace falta ir al fondo para vivir, como con aquellas que dogmáticamente postulan un “fondo” a su imagen y semejanza. Creo que la distinción entre fondo y superficie genera estas ambigüedades. Si, como dice Derrida, nada hay fuera del texto, entonces en el fondo sólo hay otros textos para seguir interpretando.

En la medida en que no estemos dispuestos, continuaremos encerrados en lo que somos.

–Realizás muchos juegos de palabras a lo largo del libro. ¿Te enredaste alguna vez en ellas?

–No hacemos otra cosa que enredarnos con las palabras. El ideal de un lenguaje transparente es incluso, otro enredo más. Tal vez el peor, ya que se precia de ser ordenado y claro. No habría filosofía si no hubiera vaguedad y ambigüedad en el lenguaje. La filosofía es un género literario. Una manera de inscribir textos, con sus códigos, sus particularidades. Es en esa poética del enredo que vamos abriendo nuevos sentidos. Un lenguaje exacto sólo es útil a la administración de lo establecido. Un lenguaje confuso, con sus grietas y fisuras, es an-económico, rompe toda posibilidad de ejercer una economía de la lengua y con ello una apropiación de lo real.

–¿Te pasa a menudo que la gente entienda una cosa diametralmente opuesta a la que querés decir?

–No sé. Me pasa que hay gente que no conecta con la filosofía y punto. Es como todo. En la medida en que uno esté abierto a dejarse invadir por el extranjero, entonces lo extraño nos modifica. En la medida en que no estemos dispuestos, continuaremos encerrados en lo que somos.

Si hay transferencia, cualquier contenido puede enseñarse.

–¿Hasta aquello más complejo se puede explicar de modo simple?

–Creo que sí. Igualmente, entiendo que lo simple y lo complejo también resultan cuestiones lingüísticas. La pedagogía es antes que nada una cuestión semiológica. Se trata de poner en juego toda una puesta de signos que ayudan a generar transferencia. Si hay transferencia, cualquier contenido puede enseñarse.

–Muchas veces se habla de un cuerpo social. ¿Es posible un alma social o la idea de alma siempre es individual?

–Según la teoría filosófica de la que partas. Para Platón hay un alma social, y hasta plantea todo un paralelismo entre el ser humano individual y la sociedad como un todo. De hecho, la gran enseñanza que le brinda a Alcibíades cuando éste le pregunta cómo podría triunfar en la política es: “Para gobernar a los otros, primero hay que poder gobernarse a uno mismo”.

–Última duda… ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?

–La “o”. El disyuntor.

 …

Perfil: Darío Sztajnszrajber nació en Buenos Aires el 16 de junio de 1968. Filósofo, ensayista, profesor y comunicador, tiene un intenso trabajo para divulgar la filosofía. Es docente en Flacso y en el CBC, hincha de estudiantes. Conduce Mentira la verdad, por Canal Encuentro, y editó ¿Para qué sirve la filosofía? (Pequeño tratado sobre la demolición) por editorial Planeta. Tiene otro programa en Encuentro: El amor al cine; y El innombrable, por Radio Madre. Además, ha colaborado con notas en numerosas publicaciones.

¿Para qué sirve la filosofía? (Pequeño tratado sobre la demolición).
Editorial Planeta.
344 páginas.
Darío Sztajnszrajber propone un viaje por situaciones cotidianas y reconocibles, y al mismo tiempo un viaje por la historia de la filosofía “demoliendo ideas, hoteles y la propia vida”.

Por Daniel Santos en lavoz.com.ar

 

Suspenso, melodrama, aceleración de thriller, toques de humor o resoluciones por el lado de la parodia, según lo que se necesite en cada episodio para contar las aventuras del pensamiento y las maneras de interrogar las conquistas o los dramas humanos. Mentira la verdad, el programa de Canal Encuentro y Mulata Films que conduce y protagoniza Darío Sztajnszrajber, aprovecha con gran eficacia los recursos de la ficción televisiva y lleva la divulgación filosófica a un excelente nivel. Un programa que da que pensar, provoca, desafía y además entretiene sin apelar a cócteles de zonceras y bajos instintos.

Un aceitado staff de actores dirigido por Juan Pablo Galimberti le pone el cuerpo con versatilidad a las piezas visuales que narran momentos o circunstancias que fortalecen una lectura filosófica de la realidad, por más pedestre que parezca.

Mentira la verdad quizá no sea del agrado de los puristas o de los amantes de la abstracción para iniciados en los saberes del gremio filosófico. De hecho, no hay ninguna obligación de sacar a la filosofía de los claustros y de las discusiones híper especializadas. Pero si a alguien se le ocurre volver a hacerlo, el programa es un buen ejemplo a seguir.

Tercera temporada. La angustia, lo religioso, el otro, la naturaleza, el arte, el amor, lo femenino, el ser, la nada, la patria, la política, la ley y la filosofía son las temáticas que se desarrollarán a lo largo de los 13 capítulos del ciclo, enmarcados en una única historia de ficción con una línea argumental que tendrá continuidad.

El subtítulo, Filosofía a martillazos, es una declaración de principios acerca de las intenciones del programa y de la posición que asume Sztajnszrajber (el subtítulo de su primer libro, ¿Para qué sirve la filosofía?, es Pequeño tratado de demolición). Hacer filosofía como si se golpeara una piedra con un martillo es una metáfora que utilizó el alemán Friedrich Nietzsche para describir su manera de pensar en contra de esencialismos y saltos metafísicos. Se trata en cambio de sospechar, de abrir huecos en las verdades asumidas e interrogar cómo llegamos a ser lo que somos.

En la tercera temporada de Mentira la verdad, que empezó a emitirse en septiembre y que constará de 13 capítulos, Sztajnszrajber está menos en la situación de observador que comunica estupores o desbarata el sentido común y aparece más involucrado en las situaciones filosóficas encarnadas en personajes y problemas: casarse, hacer las compras en el supermercado o renovar el DNI son aspectos de la vida ordinaria que corporizan discusiones acerca del amor, el ordeno la identidad (en el episodio sobre este tema, en la primera temporada, se abordaba la identidad de género).

La filosofía se puede contar de muchas maneras, y en sí misma puede ser pensada como una manera de contar (y de escribir, según la conocida invitación de Borges a concebir la filosofía como una rama de la literatura fantástica). Con la confianza puesta en esas ideas, cada capítulo de Mentira la verdad aborda tópicos filosóficos o problemáticas con fuerte arraigo en el pensamiento occidental, les pregunta si acaso no son relatos y los enreda con situaciones cotidianas, persuadiendo a los espectadores de que la filosofía está tramada en la vida de las personas. Aunque a veces no la veamos.

Por Demian Orosz en lavoz.com.ar

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