Excesos del Estado invaden la intimidad

ACADEMIA PASO DE LOS TOROS

NO SE JUEGA.

¿Le daría a su hijo un medicamento que no está científicamente validado? Lo mismo sucede con la educación sexual en el aula. Los descubrimientos científicos actuales cuestionan seriamente la pretendida eficacia de esos programas. Por ejemplo, ¿la educación sexual en el aula previene o, por el contrario, fomenta conductas sexuales riesgosas? Es conocido el programa de prevención de la delincuencia que se aplicó unos años atrás en Estados Unidos. Consistía en identificar a los menores de edad que mostraban alta probabilidad de cometer delitos, para llevarlos a recorrer las cárceles, infundirles miedo y así prevenir futuros delitos. Anthony Petrosino realizó una evaluación de esta política y su estudio fue publicado por la American Academy of Political and Social Science. Descubrió que el resultado es exactamente al revés de lo esperado: quienes participaron en el programa terminan delinquiendo más. Scared Straight —así se llamaba el programa— pretendía asustar, pero los adolescentes veían a los encarcelados como personas interesantes a imitar (porque tuvieron una vida llena de adrenalina, y disfrutaron de un momento de gloria en el corto plazo). Los programas deben ser científicamente, rigurosamente ponderados si no se quiere terminar dañando a quienes en un principio se buscó ayudar.

Es curioso —paradójico— que, por un lado, estamos avanzando en defender especialmente el manejo de los datos personales de los menores de edad y exigimos consentimientos informados explícitos de los padres aún para hacer una encuesta a un niño sobre el jugo de fruta que toma, y, por otro lado, tratamos a los niños como conejillos de Indias para experimentar con políticas dirigidas a temas tan delicados como son la afectividad y la sexualidad, y no se nos mueve ni un pelo. ¿La asistencia a clase de educación sexual tiene el consentimiento informado de cada padre? ¿La guía didáctica elaborada tiene la aprobación explicita, firmada y documentada de cada padre?tratamiento familiar

FAMILIAS Y CAMBIO.

Rebekah L. Coley, junto a otros investigadores, publicó en 2008 un estudio en el Journal of Adolescent Health, donde resume evidencia empírica sobre el rol de la familia en los comportamientos sexuales de los adolescentes (los padres pueden contribuir al crecimiento de habilidades para la toma de decisiones propias, o a la protección de sus hijos contra la eventual influencia negativa de los compañeros de clase y amigos). Específicamente, Coley y sus colegas, encuentran que más frecuencia en las actividades familiares y un estilo de padres menos negativo y hostil durante la temprana adolescencia predicen menores comportamientos sexuales riesgosos en la adolescencia tardía. En otras palabras, si tengo 100 dólares, y soy el diseñador de la política pública y quiero disminuir la tasa de conductas sexuales riesgosas de los adolescentes, una pregunta relevante es: ¿asigno los 100 dólares a dar educación sexual a los niños en las escuelas o destino esos 100 dólares a atraer a las familias a las escuelas para, por ejemplo, realizar talleres sobre orientación familiar (cómo resolver conflictos en la pareja, conciliar trabajo y familia, conocer las diferencias entre géneros para entenderse mutuamente, mejorar la gestión económica del núcleo familiar, intercambiar experiencias sobre educación de la afectividad de los hijos en tales y cuales edades) y así mejorar los procesos intrafamiliares que tanto impactan en los hijos?

Veamos la familia como un activo: a) es un mecanismo natural de distribución del ingreso (de padres a hijos); b) presenta economías de escala (es más barato per cápita cocinar para cuatro que para uno); c) es un gran inversor en educación y en aspectos muy relevantes para cualquier sociedad como la necesidad de trabajar duro, el ser solidarios y honestos, el ser capaz de recomenzar luego de una caída, etc.; (d) es también un seguro natural para los que enfrentan enfermedades, vejez o desempleo.

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NO SUSTITUIR.

Supongamos que el diseñador de política piensa: “la familia atraviesa importantes inestabilidades que le impiden a los padres, entre otras cosas, encargarse de la educación sexual de los hijos, entonces la escuela se encargará”. Ese razonamiento tiene al menos un problema: podemos colocar como planificadores centrales a los cinco mejores premios Nobel, pero es imposible que posean la información que está diseminada en millones de partículas en toda la sociedad. Solo una madre o un padre conocen a su hijo con el grado de singularidad que permite descubrir el momento óptimo para enseñarle tal cuestión sobre afectividad. Además sería muy ineficiente sustituir a la familia: madres y padres están dispuestos a dejar de comer o dormir, a vivir sin feriados por el bien de sus hijos. Sería carísimo sustituirlos.

ORIENTACIONES.

El reciente texto de la ONU (25/6/2014, Human Rights Council, 26th Session) provee un buen resumen de esos principios que pueden guiar a la política pública: “Reconociendo que la familia tiene la responsabilidad primaria en el desarrollo y protección de los hijos, (…) debe recibir la necesaria protección y ayuda para que pueda asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad.” En otras palabras, el diseñador no ha de sustituir sino que ha de promover el protagonismo de las comunidades sociales más chicas (las familias).

LOS PADRES.

¿Cómo podemos hablar de los grandes temas de la humanidad sin volver a los clásicos? El cuidar la afectividad de los hijos —que enmarca, contiene y sobrepasa a la sexualidad— es tarea clave de los padres. En “El Ingenioso Hidalgo…” escuchamos:  f76c9-satiro2

“Es de vidrio la mujer;

pero no se ha de probar

si se puede o no quebrar,

porque todo podría ser.

Y es más fácil el quebrarse,

y no es cordura ponerse

a peligro de romperse

lo que no puede soldarse”.

Qué bien este Miguel de Cervantes. Un lindo impulso a las madres y padres para hacerse oír, para proteger y exigir.

NÚMEROS PUROS Y DUROS.

Señalaba Duflo en su conferencia: “Supongamos que tenemos, por un lado, 100 dólares para gastar, y, por otro lado, una gran variedad de intervenciones posibles en las que gastar ese dinero. ¿Cómo optimizar el uso de esos 100 dólares? Necesitamos medir científicamente el impacto de cada alternativa antes de usar los 100 dólares.” Quien va a comprar medicamentos no gasta su dinero guiándose por el color de las píldoras o la forma del envase.

ALEJANDRO CID

La educación sexual

No se puede hacer experimentos con niños: la ciencia pone en duda los programas de educación sexual en el aula. En una conocida charla TED, Esther Duflo —galardonada investigadora del Massachusetts Institute of Technology— abogó por analizar la política social con la misma rigurosidad científica que emplea el laboratorio farmacéutico a la hora de evaluar una medicina.

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